Salvador de Bahía, Brasil.-Una travesía de unas 18 horas con dos escalas, Panamá y Sao Paulo, nos llevó a disfrutar de una ciudad que se caracteriza por su gente acogedora, cálida, amable y fiestera, pues Salvador de Bahía, más que una típica ciudad brasileña, es una fiesta todo el año.
Invitados por Industrias San Miguel con motivo de la inauguración de su segunda planta de producción fuera de suelo peruano, llegamos al Aeropuerto Internacional Deputado Luís Eduardo Magalhães, con todo el cansancio del mundo, para iniciar el trayecto, de unas dos horas, hacia el hotel, recorrido que nos permitió desmontar la idea de una región costera para ubicarla en el estereotipo de una ciudad de grandes edificaciones que navega entre lo moderno y lo tradicional, lo cual contrasta con las grandes pinceladas de pobreza que se perciben en sus favelas.
Con solo unos días para hacer muchas cosas, la apretada agenda nos movía de un lado para otro, no sin antes dejarnos disfrutar de la exquisita gastronomía bahiana con sus peculiares guisos, mariscadas, amaranto, abacá y acarajé, en una fiesta de colores y sabores, y para muestra un botón, pues Bahía tiene 757 restaurantes de cocina nacional e internacional.
Un día de paseo
Luego de la presentación de la nueva planta de producción en Alagoinhas y su bebida Goob, tuvimos un día para recorrer con nuestras cámaras, como simples turistas, la primera capital del Brasil colonial, pero también tierra de dioses, amuletos y culto a todos los santos, con innumerables mitos y ritos.
Sentados en el autobús, escuchábamos al guía hablarnos de su amado Salvador y sus ruedas de samba, capoeira y tira de mástil, mostrando siempre la fe inquebrantable del bahiano y describiendo el mosaico de fiestas y celebraciones de una ciudad sustentada en las creencias de origen africano, indio y portugués.
Las más de 365 iglesias católicas en Salvador, una para cada día del año, bromean los bahianos, no dejan espacio a la duda sobre lo importancia de la fe en la tercera metrópolis de Brasil.
Siete puntos mágicos tiene Salvador: la bahía de Todos los Santos, Barra, las lagunas de Itapua y Abaeté, el dique do Tororo, la avenida Contorno, la península de Itapagipe y el Centro Histórico, este último catalogado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y donde se reúne la mayor colección de arte barroco fuera de Europa, con cerca de 800 edificios de los siglos XVII-XIX restaurados.
A nuestro grupo le faltaron horas y días para conocer la ciudad que tiene el carnaval más largo de Brasil: 7 días, incluidas las noches, mientras que el de Río de Janeiro solo tiene cuatro.