Sacerdote y Política (II)
Los grandes cambios que se están dando en el mundo tienen que llevar a una revisión del ser, del papel y de las funciones del sacerdote para esta nueva sociedad, para este nuevo mundo, pues no podemos seguir respondiendo a las exigencias del hoy con esquemas y mentalidades del pasado.
Pecaríamos de ingenuos si seguimos creyendo que el sacerdocio actual es una pura misión espiritual, desinteresada de los problemas materiales de este mundo. Los sacerdotes somos seres débiles, somos humanos, estamos sujetos a los cambios de la historia y aunque el sacerdocio en sì no cambie, las maneras de ejercerlo y de hacerlo vivo, sì tienen que cambiar.
Denunciar las injusticias, los males sociales, la irresponsabilidad de los que nos gobiernan y los males que envuelven la sociedad y el mundo de hoy no implica necesariamente una opción particular política o económica, sino la gran opción del hombre por sus derechos, por su dignidad personal.
No podemos soslayar bajo la pena de traicionar el Evangelio, que la pobreza de tantos hermanos(as) clama justicia, solidaridad, testimonio y compromiso y que esto significar hacer nuestros sus problemas y sus luchas, saber caminar con ellos hasta las ultimas consecuencias.
El documento de Puebla al hablar de evangelización y política nos dice claramente que la Iglesia siente como su deber y derecho estar presente en este campo, porque el cristianismo debe evangelizar e iluminar la totalidad de la existencia humana, incluida la dimensión política. Critica por esto, a quienes tienden a reducir el espacio de la fe a la vida personal o familiar, excluyendo el orden profesional, econòmico, social y político. (Puebla, 515).
La necesidad de la presencia de la Iglesia en lo político proviene de lo más íntimo de la fe cristiana, del Señorío de Cristo que se extiende a toda la vida. La Iglesia está presente en el campo de la política para iluminar las conciencias y anunciar una palabra transformadora en la sociedad.
La política partidista es el campo propio de los laicos (GS 43). Los sacerdotes y pastores deben ocuparse de la unidad y de la formación de estos en el campo de la Doctrina Social de la Iglesia, de tal manera que el Señorío de Jesús este presente en el ámbito de la política.
El Documento de Medellín asumido por el de Puebla lo dice claro:"Al sacerdote como tal no le incumbe directamente la dirección, ni el liderazgo, ni tampoco la estructuración de soluciones (Sac. 19). Su papel es de acompañar, de formar y capacitar a hombres y mujeres que desde el seno de la sociedad misma anuncien la posibilidad de una mejor vida para todos y todas. Nuestra tarea es la de formar conciencia y hombres y mujeres nuevas para una nueva sociedad.
