Saber escuchar

Altagracia Suriel
Altagracia Suriel

En estos tiempos en que la adicción tecnológica nos está robotizando es pertinente reflexionar sobre la importancia de saber escuchar.

Sin escucha no hay comunicación. Se puede dar un diálogo de sordos, pero nunca una efectiva comunicación. Sentirse escuchado es una necesidad humana que se expresa en todas las esferas de la vida.

El apóstol Santiago nos invita a ejercitar la escucha cuando escribe "deberíamos estar prontos para oír, tardos para hablar." (Santiago 1:19). El mensaje que nos da el Evangelio es claro: tenemos que escuchar más y hablar menos.
Al escuchar nos encontraremos con el otro. Muchas personas en el mundo han optado por la vida en vez del suicido porque un alma buena las escuchó. En esta vertiente, escuchar es salvar vidas, obrar milagros.

En Mateo 11:15 Jesús nos recuerda que tenemos oídos para oír. Oír en el sentido de Jesús es escuchar como una elección consciente que lleva a un proceso de cambio y transformación.

La acción de escuchar se asocia a valores como son la empatía, la solidaridad y el amor. Escuchar como manifestación de empatía, de sentir con el otro, de ponernos en su lugar, nos compromete en dar de nuestro tiempo para poder escuchar a las personas y hacerlo entrando en sintonía con ellas.

La empatía al escuchar implica escuchar con el corazón. No escuchar para responder, sino para comprender al otro. Esa escucha empática en este tiempo se ve amenazada por el celular o al iPad o a las redes sociales. Paradójicamente, en el uso de estas TIC lo que se busca es ser escuchado. Lo sano sería empezar a escuchar al que está a nuestro lado, en la casa, en la oficina y disfrutar también de su escucha en vez de buscar resonancia en lo impersonal y pasajero.

Escuchar también es un ejercicio de solidaridad y de amor porque implica dar. Al escuchar, además de ofrecer nuestro tiempo, damos lo que somos, compartimos experiencias y ayudamos a otro a descubrirse y reafirmarse. Escuchar es amar, da placer y felicidad. El que es escuchado se siente amado. Escuchar con amor es el primer paso en la construcción de un mundo en paz.

Sobre el autor

Altagracia Suriel

Columnista de El Día