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Hay que saber decir las cosas, a fin de que, sin necesidad de mentir, el impacto de lo que se diga resulte ser lo mas positivo posible.

Un maestro en eso fue un amigo mío, que en nuestra época de estudiantes siempre quería agradar a su padre, que vivía en provincias trabajando duro para poder costearle su carrera universitaria en la capital.

Su padre quería que mi amigo fuera, además de un buen estudiante, un buen atleta. Quería que participara en todas las competencias universitarias y que quedara entre los primeros lugares. Pero mi amigo no tenia habilidades atléticas y eso lo preocupaba muchísimo.

Una vez tuvo que participar en una carrera de velocidad entre dos, y su oponente era famoso por lo mucho que corría. Lógicamente, mi amigo perdió vergonzosamente y llegó a la meta varios minutos después que su contendor.

No queriendo mortificar a su padre con esta derrota, mi buen amigo le escribió de esta manera:

“Querido papá, te gustará saber que ayer participé en una carrera contra uno de los mejores corredores de la universidad. Él llegó de penúltimo. Y yo llegué en el segundo lugar. Besos”.

Como pueden ustedes apreciar, queridos lectores, él no mintió e hizo feliz a su padre.

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El Día

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