Riesgos para movimientos sociales en campaña electoral
Crecer en influencia, multiplicar las formas de manifestación y adhesión; estructurar un discurso compacto y coherente que fundamente las razones de los reclamos y facilite la identificación con las causas promovidas; identificar su blanco de público principal: jóvenes entre 16 y 30 años, fundamentalmente de clase media (aunque no se excluye a los de otros estamentos), usuarios avanzados o regulares de las tecnologías de información y comunicación, con cuentas en Facebook y/o Twitter.
Identificar a los y las bloggers, comunicadoras/es, etc.
Esas son tareas para los nuevos movimientos sociales y son las que prácticamente ya están hechas.
Ahora falta definir cómo se va a producir la interpelación y posible articulación con los partidos políticos en tiempos de campaña electoral.
Es inevitable realizar o por lo menos intentar con seriedad estas tareas.
Y la campaña electoral puede ser un escenario muy adecuado para ampliar o extender la participación social en los movimientos de demanda y movilización, por una parte, mientras que también al encarar a los liderazgos formales sustentados por los partidos políticos, los movimientos sociales crecen en dimensión y se convierten en legítimos interlocutores del sistema político.
Las oportunidades están abiertas; las tareas por realizar están más o menos claras. Corresponde a quienes lideran los movimientos y sus redes enfrentarse a ellas y contribuir a redefinir la coyuntura que se avecina, convirtiéndola en una coyuntura de renovación o transformación.
Indiscutiblemente que hay riesgos: las demandas sociales ampliamente asumidas por centenares de miles de personas podrían tratar de ser usadas solamente con intenciones electorales.
La independencia de los movimientos y su estructura en redes pueden servir de protección contra ese riesgo. La suerte está echada, es mucho lo que hay por ganar.