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Es una imagen que algún día podría resultar emblemática: un cohete de 14 pisos de altura que, envuelto en una nube de humo y fuego, tocaba el suelo con suavidad en la Zona de Aterrizaje 1 de Cabo Cañaveral, apenas minutos después de cumplir su misión en el espacio.
El suave aterrizaje generó un enorme entusiasmo en SpaceX, el emprendimiento aeroespacial de Elon Musk, y por buenas razones: el exitoso viaje y el regreso de un Falcon 9 era uno de los objetivos más ambiciosos que tenía la compañía.
Su resonante éxito de vuelo, luego de tres fracasos anteriores, sugiere que el sector espacial podría estar al borde de una revolución.