Respeto por la vida

El ejercicio periodístico demanda a diario crónicas rojas, de muertes dramáticas, que se producen cada cierto tiempo, en alguna parte de la República.

Atribuidas, muchas, a una preocupante descomposición social.

El fenómeno de los homicidios de mujeres, de cualquier ciudadano, y hasta de extranjeros, va más allá de la descomposición social.

Hay factores económicos, de reacciones que fomenta la idiosincrasia machista del dominicano y, según expertos conductuales, de la desintegración de valores de la autoestima, la reciprocidad de afectos y los reconocimientos.

El proceso, alegan los profesionales, todavía es reversible. Podemos educar en valores por la vida; podemos fomentar refuerzos que toquen la sensibilidad y fortalezcan la solidaridad, que apuntalen la responsabilidad cívica y ética, que contribuyan a la oportuna disuasión.

La misma situación geográfica del país, un territorio caribeño, con las bondades de un sol y playas envidiadas por visitantes europeos, asiáticos y norteamericanos, podría incidir en que amemos más nuestro país y la vida.

Tenemos, en los primeros versos de la canción “Por amor”, escrita por Rafael Solano, una fuente revitalizadora que puede ser reveladoras del verdadero sentido que tiene la vida humana sobre la tierra.

El país cuenta con diversas instituciones de trabajo social y de la conducta. Si hay voluntad no tendrían reparo; todas estarían dispuestas a trabajar seriamente, sin horarios, en reforzar valores que contribuyan a que los dominicanos amemos y respetemos más la vida, la propia y la de los demás.

Independientemente del trabajo de la justicia hace falta fomentar valores que nos enseñen a contener instintos, a persuadirnos de malas tentaciones, a amar, con verdadero fervor, la vida.