Republicanos: Del partido de Lincoln al partido de Trump

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McCarthy no solo está marginando a Cheney, hija del exvicepresidente Dick Cheney y lo más parecido que hay a una “realeza” republicana, sino que también promueve a las figuras más leales a Donald Trump.

WASHINGTON.-Kevin McCarthy encamina al Partido Republicano a un punto de inflexión al prepararse para hacer a un lado a la representante Liz Cheney, tercera en la jerarquía republicana de la cámara baja, e impulsar la transformación del partido de Abraham Lincoln en el partido de Donald Trump.

El líder del bloque republicano de la Cámara de Representantes dice que la medida no responde necesariamente a las críticas de Cheney a las mentiras de Trump acerca de las elecciones del 2020, sino más bien al hecho de que sus convicciones personales le impiden cumplir sus funciones específicas.

Cheney preside las reuniones internas semanales y es la encargada de transmitir las posiciones del partido, pero McCarthy dijo que ella había perdido la confianza de sus correligionarios.

McCarthy no solo está marginando a Cheney, hija del exvicepresidente Dick Cheney y lo más parecido que hay a una “realeza” republicana, sino que también promueve a las figuras más leales a Donald Trump, amplificando las afirmaciones falsas del exmandatario de que le robaron las elecciones y tratando de recomponer su relación con Trump para afianzarse como su hombre en la cámara baja.

Es un momento clave para McCarthy, quien revivió su carrera política al asociarse con Trump y podría ser el presidente de la Cámara de Representantes, segundo en la línea sucesoria de la presidencia, si los republicanos recuperan el control de ese órgano en las elecciones del año que viene.

“Hay un cambio de guardia total”, afirmó Adam Brandon, presidente del FreedomWorks, una agrupación conservadora del tea party cercana a Trump.

La votación acerca del futuro de Cheney podría producirse la semana que viene y se espera que refleje el poder de Trump en el partido y sobre McCarthy, quien en un primer momento condenó el papel de Trump en la insurrección del 6 de enero, cuando partidarios suyos tomaron el Congreso para impedir la certificación de la victoria de Joe Biden en las elecciones.

Cinco personas fallecieron en los incidentes. “El día más triste que he vivido”, declaró McCarthy esa noche, en que responsabilizó en parte a Trump por lo sucedido.

Acto seguido, no obstante, fue uno de 139 republicanos de la cámara baja que votaron a favor de desconocer la victoria de Biden. McCarthy apoyó a Cheney cuando ella fue cuestionada en febrero por ser una de 10 representantes republicanos que votaron a favor de hacerle un juicio político a Trump por su papel en el alzamiento y dijo que al partido debía mantenerse unido.

El líder republicano, sin embargo, estaba haciendo cálculos políticos, según correligionarios que hablaron a condición de no ser identificados por estar comentando asuntos internos del partido.

Estas fuentes dijeron que no se hubiera visto bien que sacrificasen a Cheney inmediatamente después de los disturbios, sobre todo luego de pedir al bloque que respaldase a la recién elegida representante Marjorie Taylor Greene, una aliada de Trump que fue muy cuestionada por promover teorías conspirativas en las redes sociales.

McCarthy le recomendó a Cheney que siguiese la línea partidaria, pero a medida que ella seguía condenando las mentiras de Trump, empezó a promover la figura de otra aliada del expresidente, Elise Stefanik, para que reemplazase a Cheney. Igual que McCarthy, Stefanik está recaudando grandes sumas presentándose como defensora de Trump.

La gota que colmó el vaso para Cheney fue una conferencia de prensa durante un encuentro de representantes republicanos en la Florida el mes pasado en la que volvió a criticar a Trump y rompió con McCarthy al apoyar una comisión bipartidista que investiga el ataque al Congreso.

“El pueblo debe saber cómo fue que llegamos al 6 de enero. Los responsables tienen que rendir cuentas”, manifestó en esa ocasión.

A esa altura McCarthy ya había cambiado su discurso y decía que no creía que Trump hubiese provocado la insurrección del 6 de enero. Trump, por su parte, ha dejado en claro que quiere deshacerse de Cheney y de otros “RINOs”, expresión que alude a “republicanos solo de nombre” (republicans only in name), como los senadores Mitt Romney y Mitch McConnell, según dos republicanos que pidieron no ser identificados por hablar de asuntos internos.

Una de estas fuentes dijo que, en privado, Trump también expresó su malestar con McCarthy, quien nunca fue del todo aceptado por la extrema derecha republicana y ha tratado de congraciarse con ese sector apoyando a Trump. McCarthy rechazó ser entrevistado para este artículo.

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