Por: Virgilio Lora Gómez
La vida y obra del fraile dominico Vicente Rubio serán recordadas en un homenaje póstumo con motivo del 103 aniversario de su nacimiento, una ocasión propicia para repasar la trayectoria de uno de los religiosos e intelectuales más influyentes del siglo XX en la República Dominicana.
Vicente Rubio nació el 11 de febrero de 1923 en Béjar, Salamanca, España. Ingresó a la Orden de Predicadores Dominicos en el Convento de San Esteban, en Salamanca, donde realizó su noviciado en 1941. Desde temprano mostró una sólida vocación intelectual que lo llevó a obtener, en 1947, las licenciaturas en Filosofía y Teología en la Facultad de San Esteban. Allí también profundizó en la Historia de la Iglesia bajo la guía de destacados profesores como Vicente Beltrán Heredia y Paulina Junquera.
Fue ordenado sacerdote el 27 de marzo de 1948 y celebró su primera misa en el Santuario de la Virgen del Castañar, en su ciudad natal de Béjar, donde inició una intensa labor pastoral y de predicación.
En 1954, por disposición del Maestro de la Orden de Predicadores Dominicos, fray Manuel Suárez Fernández, fue enviado a la República Dominicana junto a otros dos frailes para cumplir una misión histórica: contribuir al restablecimiento del primer convento dominico en el continente americano, en la entonces llamada Orden Colombina, en Santo Domingo.
Galardonado por la Asociación de Cantores del Coro Nacional de la Asociación Dominicana de Poetas y Escritores de las Damas Soberana Orden de Malta y el Club de Corresponsales de Prensa Extranjera del Comité Dominicano del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios, recibiendo un merecido homenaje del Instituto de Ayuda al Sordo Santa Rosa.
Desde su llegada al país, Vicente Rubio se destacó como un orador excepcional, investigador incansable y escritor riguroso. Fue prudente en el hablar, exigente en la escritura y generoso como maestro y consejero. Ejerció la docencia en la Escuela Normal de Varones del Seminario Mayor Santo Tomás de Aquino y en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM).
Formó parte del primer grupo de profesores de la Universidad Católica de Santo Domingo (UCSD), institución de la cual fue miembro fundador. También estuvo vinculado al Centro Teológico del Convento de Santo Domingo y se desempeñó como director de Investigaciones Históricas del Centro de Altos Estudios Humanísticos del Idioma Español.

Entre 1988 y 1992 encabezó el equipo de investigaciones de la Comisión Dominicana Permanente para la Celebración del Quinto Centenario del Descubrimiento y Evangelización de América. En ese período realizó extensos estudios en el Archivo General de Indias, en Sevilla, y en el Archivo Histórico Nacional de Madrid, aportando valiosa documentación para la historiografía dominicana.
Fue miembro activo de la Sociedad de Bibliófilos, correspondiente extranjero de la Academia Dominicana de la Historia y del Comité Dominicano del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS).
Su labor intelectual y pastoral fue reconocida con múltiples distinciones, entre ellas el Doctorado Honoris Causa otorgado por la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) en 1992; el reconocimiento como Munícipe Distinguido del Distrito Nacional en 1997; y el Premio Caonabo de Oro en 1986. También recibió homenajes de diversas entidades culturales, académicas y religiosas, así como del Ayuntamiento de Béjar, que en el año 2000 lo declaró hijo benemérito de esa ciudad.
Autor prolífico, publicó obras fundamentales como Monasterio Nuestra Señora de la Piedad de Béjar, incluida en los Archivos de los Conventos Dominicos de la provincia de España; Historia del Monasterio de Nuestra Señora de la Encarnación de Plasencia y Datos para la historia de los orígenes de la ciudad de Santo Domingo, entre otros títulos que reposan en los archivos del Convento de los Dominicos en la Zona Colonial.
Además, escribió más de 300 artículos sobre temas históricos y culturales, fruto de investigaciones realizadas en el Archivo General de Indias. Muchos de estos trabajos fueron publicados en el Suplemento Sabatino del periódico El Caribe, bajo la edición de la recordada periodista María Ugarte.
Durante la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina, Vicente Rubio asumió una postura valiente y crítica. Su célebre Sermón de las Siete Palabras, pronunciado un Viernes Santo, le acarreó vigilancia, acoso y persecución por parte del régimen.
También fue uno de los principales impulsores del Movimiento de Cursillos de Cristiandad y de la Casa San Pablo, donde se desempeñó como asesor y director espiritual. En 1962 ideó la fundación de la parroquia Santo Tomás de Aquino, ubicada en la avenida Independencia esquina Máximo Gómez, donde residió gran parte de su vida.
A finales de los años 90, por disposición del Maestro de la Orden de Predicadores, fray Timothy Radcliffe, fue trasladado al Convento de los Dominicos. Posteriormente regresó a España por motivos de salud, donde falleció el 7 de enero de 2006.
Sus cenizas fueron trasladadas a Santo Domingo y reposan en el Convento de los Dominicos, en la Zona Colonial, cerrando así el círculo de una vida entregada a la fe, la historia y la defensa de la dignidad humana.