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Regular sin frenar la innovación: el rol de los sandboxes en el sector eléctrico dominicano

Por: Jaime Genao

Hablar hoy de transición energética sin hablar de regulación es quedarse a mitad del
camino. Las tecnologías avanzan rápido, los modelos de negocio cambian y los
usuarios ya no son solo consumidores pasivos.

Sin embargo, las reglas del juego suelen moverse con mayor lentitud. En ese desajuste aparece una herramienta cada vez más utilizada a nivel internacional: los sandboxes regulatorios o areneras
regulatorias.

En términos simples, un sandbox regulatorio es un espacio de prueba controlado, autorizado y supervisado por el regulador, donde se permite a proyectos innovadores operar temporalmente con flexibilidades o excepciones puntuales a la normativa vigente. No es una “zona sin ley”, ni una liberalización encubierta.

Es, más bien, una forma de probar antes de regular, aprender con datos reales y reducir el
riesgo de decisiones normativas mal calibradas.

La experiencia internacional es clara. En el Reino Unido, Ofgem ha permitido que empresas y operadores prueben, por ejemplo, esquemas de flexibilidad de la demanda o nuevos servicios energéticos sin cumplir de inmediato con todos los códigos técnicos tradicionales.

En España, el banco de pruebas regulatorio del sector eléctrico ha servido para ensayar la figura del agregador independiente, un actor que agrupa consumidores para ofrecer flexibilidad al sistema eléctrico, algo imposible de desplegar plenamente bajo la regulación clásica.

En ambos casos, el regulador no pierde control; observa, mide impactos y decide luego si la regulación debe ajustarse. Colombia, por su parte, ha entendido que, frente a los prosumidores y los mercados energéticos descentralizados, el regulador debe probar soluciones en entornos controlados, en
lugar de limitarse a regular después.

Las areneras permiten innovar sin poner en riesgo al consumidor ni la competencia.
¿Y cómo se traduciría esto en la República Dominicana? Bajémoslo a tierra con
ejemplos prácticos.

Pensemos, primero, en la generación distribuida. Hoy existen tensiones recurrentes sobre la inyección de excedentes, los costos de red y la relación entre usuarios con paneles solares y las distribuidoras. Un sandbox permitiría seleccionar una zona piloto, por ejemplo, un circuito urbano con alta penetración fotovoltaica, y probar durante un período limitado nuevas reglas de compensación, esquemas tarifarios horarios o incentivos al almacenamiento.

En lugar de discutir en abstracto, el regulador tendría datos reales sobre impactos técnicos, financieros y sociales.

Otro caso evidente es el de las microrredes en zonas aisladas o turísticas. En comunidades rurales o polos turísticos alejados, podría autorizarse temporalmente un modelo distinto de operación, con generación renovable local, almacenamiento y gestión digital, incluso flexibilizando ciertas exigencias de concesión o comercialización.

El aprendizaje obtenido de esta experiencia serviría luego para diseñar una regulación estable que combine acceso universal, eficiencia y sostenibilidad.

Un tercer ejemplo es la gestión de la demanda y la movilidad eléctrica. La República Dominicana avanza en la electrificación del transporte, pero la regulación aún no contempla plenamente figuras como el agregador de carga o la respuesta activa de grandes consumidores.

Un sandbox permitiría que supermercados, hoteles o estaciones de recarga participen en programas piloto de flexibilidad, ajustando su consumo según señales del sistema, sin exigirles desde el inicio el cumplimiento íntegro de reglas pensadas para actores tradicionales.

Para que estas experiencias funcionen, hay condiciones mínimas. La primera es una reforma de la Ley 125-01, que habilite a la Superintendencia de Seguridad (SIE) a conceder excepciones temporales con límites claros.

La segunda es la protección del consumidor y de la competencia, mediante criterios transparentes de selección, plazos definidos y evaluación constante. Y la tercera, muchas veces olvidada, es la estrategia
de salida; el sandbox no puede quedarse en experimento permanente; debe desembocar en regulación general o en la terminación ordenada del piloto.

Lejos de debilitar la institucionalidad, los sandboxes regulatorios la fortalecen. Permiten pasar de una regulación reactiva a una regulación basada en evidencia, algo especialmente valioso en un sector tan sensible como el eléctrico.

En la transición energética, regular bien también es innovar.

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