Regulación trunca
El mensaje que envía el Ministerio de Salud Pública no está claro cuando hace una advertencia sobre la venta de productos farmacéuticos en el área de la estimulación, sin recetas, y en lugares fuera de la regulación para hacerlo.
El espectro de la prohibición, en nombre de los daños que causan a la salud, debe abarcar más allá de los establecimientos incluidos, y otros fármacos con iguales efectos perniciosos que se vinculan a la diversión.
La advertencia oficial queda corta; porque si hay fármacos que están causando daño a la salud, la inteligencia aconseja prohibir su venta, no trasladarla y prolongar la solución del problema, enviando a los consumidores de los productos dañinos a la salud a efectuar su compra en establecimientos autorizados.
No se trata, podría pensarse, de un celo calificado por la salud del pueblo dominicano, sino de un problema de mercado y consumo. De dirigir la demanda a otros establecimientos debidamente autorizados, que igual van a vender el producto dañino que censuran las autoridades.
En cuanto a calificar un producto de dañino a la salud del pueblo no ayuda, porque no ofrece detalles de cuáles daños puede producir un medicamento que la generalidad de los consumidores, entre ellos un amplio sector de la juventud, usa como parte de una irresponsable diversión.
En consecuencia, con la prohibición las autoridades deben empezar una campaña que ilumine el consumo, indicándoles a los consumidores los problemas a los que se exponen.
