Reforma sin reformados y saboteada por los “jefes”

José Miguel de la Rosa
José Miguel de la Rosa.

En cada reunión de la Mesa de Seguridad Ciudadana se repite el mismo guion: reformas, mano firme, protocolos claros y cero tolerancias a las inconductas dentro de la Policía Nacional.

Los lunes se convierten en vitrinas de buenas intenciones, donde se promete una policía más profesional, más humana y más apegada a la ley. Pero en la calle, lejos de los micrófonos, la realidad suele obedecer a otra cadena de mando.

Desde que se inició el proceso de reforma policial, he venido diciendo, aunque a nadie le importe, que este no podrá avanzar si los mismos “jefes” del pasado son los encargados de guiar a los agentes formados bajo el nuevo modelo.

El caso del coronel Fausto Madé Ramírez vuelve a poner el tema sobre la mesa: un abusador reincidente que, al parecer, opera con licencia para violentar derechos y actuar sin consecuencias reales.

A ese mismo “matatán” de la institución ya lo hemos visto envuelto en escándalos similares al más reciente, en el que maltrató de forma cobarde a una mujer. Lo hizo frente a sus subalternos, pero ninguno se atrevió a señalar lo evidente: que estaba mal. Porque ese es el jefe.

Imaginemos por un momento que la persona agredida no hubiese sido una mujer, sino un hombre. ¿Qué habría pasado? Probablemente hoy estaría muerto, víctima de un supuesto “intercambio de disparos” y presentado como un peligroso delincuente, en un patrón al que lamentablemente nos hemos acostumbrado.

La institución es responsable de que algunos de sus agentes actúen con tal desprecio hacia la ciudadanía. Premiar faltas con simples traslados envía un mensaje claro: aquí no pasa nada. Y, sin embargo, cuando se trata de un raso o un cabo, las sanciones suelen ser desproporcionadas.

Resulta que, más allá de lo que diga el presidente de la República, de las directrices de la ministra de Interior y Policía o de las líneas institucionales de la Policía Nacional, son los jefes inmediatos quienes terminan definiendo las verdaderas reglas del juego. Son ellos quienes, con una orden, un gesto o un silencio, establecen hasta dónde se puede llegar y qué está permitido ignorar.

Mi sugerencia, no solicitada, es simple: darle carácter real a la reforma. Y eso implica una profilaxis profunda que incluya a todo el que no esté alineado con ella. Porque no se puede construir una nueva institución con las mismas prácticas de siempre.

Sobre el autor

José Miguel de la Rosa

Egresado de la carrera de Comunicación Social, mención Periodismo, por la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA). Posee diplomados en comunicación política, periodismo de datos, periodismo digital, entre otros. Cuenta con más de 13 año...