¿Reforma fiscal en tiempo de crisis?

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Daris Javier Cuevas

Entender una reforma fiscal sugiere aclarar que el propósito fundamental de la política fiscal es crear el ahorro público suficiente para hacer frente al volumen de inversiones planeadas y la manipulación de los instrumentos fiscales, cuyos objetivos finales es un mayor nivel de empleo, control de la demanda agregada mediante los impuestos y el gasto público y controlar el déficit o un superávit fiscal. Es por tales razones que los economistas están conscientes que los impuestos son inexcusablemente dolorosos, fastidiosos y perturbadores para el ingreso disponible de los contribuyentes; sin embargo, representa todo lo contrario para el Estado y los ingresos públicos.

Es ante tal asimetría que se interpreta que un buen sistema tributario debe tener como características inherentes, la eficiencia económica, la sencillez administrativa, la flexibilidad, la responsabilidad política y la justicia. Pero resulta que la inequidad de la tributación tiene su origen en la estructura del sistema tributario; es decir, la forma en que este tiende a operar sobre la presencia de un sistema tributario regresivo y otro progresivo.

En el primer caso se trata de que las recaudaciones se sustenten en impuestos indirectos por ser más fácil de cobrar y donde los que menos tributan igual al que más tiene: en tanto que en el segundo caso, es un sistema tributario donde se paga según se es más rico, este es un sistema tributario resulta ser más justo y en el que las recaudaciones pueden incrementar los ingresos al Estado, aunque sabemos que ninguna de estas estructuras tributarias de por si  no mejoran el bienestar de ninguna persona sin que afecte a otras.

Es en tal contexto que la política fiscal, entonces, se convierte en el instrumento por excelencia que el Estado utiliza para propiciar un desarrollo equitativo de la sociedad y una redistribución adecuada de los ingresos y que el gobierno acude para hacer efectiva la misma, mediante el manejo de los ingresos y los gastos del sector público para promover ciertas actividades de la economía. Se trata de que al impulsar la actividad económica el Estado estimula el dinamismo de los sectores productivos y se impulsa un vaso comunicante que se expresa en una recuperación del crecimiento de la economía, el cual ha de expresarse en un mejoramiento de las condiciones de vida de la población de menos ingresos, mediante el otorgamiento de subsidios de vivienda, educación, salud, etc.

Para ejecutar una política fiscal efectiva el gobierno puede invocar diferentes tipos, según el momento, es así como si se aplica una política fiscal expansiva esto implica un aumento del gasto público o una menor recaudación fiscal o una combinación de ambos, lo que dará lugar a un déficit presupuestario mayor o un menor superávit, pero una política fiscal

expansiva suele denominarse déficit fiscal. Por otro lado, se puede recurrir a una política fiscal restrictiva o contractiva cuando el gasto del gobierno se reduce ya sea a través de mayor recaudación fiscal o reducción del gasto público o una combinación de ambas.

Cuando el gobierno gasta más de lo que recibe en impuestos u otros ingresos durante un año, esto produce en lo inmediato un déficit presupuestario, o déficit fiscal, lo que en la práctica se traduce en un riesgo en la sostenibilidad financiera del gobierno. Una de las consecuencias de un aumento del déficit fiscal, es que se impulsa al crecimiento de la deuda pública, por tanto, se incrementan los intereses que debe pagar el Estado.

Al examinar la política fiscal se observa lo complejo que la misma se torna, lo que sugiere que esta no se maneje mediante pactos ya que un elemento a considerar es que se pueden presentar periodos persistentes y elevados de déficit fiscal, entonces, si el gobierno está en la necesidad de financiar el déficit con deudas, eso sugiere una mayor flexibilidad de la política fiscal y un pacto constituye una encerrona para el gobierno. Bajo tal interpretación, por tanto, en los criterios de política económica, un pacto fiscal no es un instrumento de política fiscal, aunque en el marco convencional, este solo tiene sentido si, y solo si, la arquitectura de la política fiscal implica un desmonte gradual de las exenciones y migrar hacia una política tributaria progresiva, es decir, que los más ricos paguen más.

Correspondió al economista JM Keynes perfilar a un primer plano el déficit presupuestario, razón por la cual entendía que en medio de una crisis, o depresión, resulta una torpeza tratar de equilibrar el presupuesto ya que era algo peligroso para el empleo y el crecimiento del PIB. El déficit fiscal y la deuda pública crean una especie de círculo vicioso del que es casi imposible escapar, porque en el año siguiente hay que dedicar recursos para pagar lo que se prestó en el año anterior, y en consecuencia el déficit se incrementa haciéndose necesario recurrir a más deuda, y cada año el problema se repite y se agrava, derivandose convulsiones sociales incontrolables, tal como ocurre en Colombia.

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