Reflexiones de un caminante

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Dr. Elvis Méndez Compiano, Kinesiólogo quiropráctico, compositor y escritor.

Hoy, la bruma del cansancio y una terrible fatiga producida por el ocaso de la vida y por las estampas de las ansias y las causas perdidas se anidan en el diario de mi existencia. Un artículo del periódico de hoy me hace pensar en cómo nos sentimos después de los 60 años de edad… Y esa duda e incertidumbre inoportunas casi detienen al canillita que viene a traer la noticia, y quedó suspendido en el tiempo…

Hoy, a mis 60 y tantos años, ya hasta el pensamiento me pesa. Esta mañana, me di cuenta de que las almohadas que me acompañan cada noche, las que parecen ser tan insignificantes, se quejaron cuando levanté mi cabeza y sus rellenos de guata pudieron respirar. Ellas también están cansadas y aturdidas. Y caí en la cuenta de que mis dos almohadas, esas con las cuales duermo, ya no aguantan el peso de mi cabeza, ya no soportan mis noches de insomnio, mis perplejidades. Mis revelaciones nocturnas las agobian. Ya se han hecho tan finas que tengo que ponerlas una encima de la otra para poder acomodar mi nuca.

También la cafetera está cansada de pitar, y el espejo ya no aguanta mi careta. El jabón tiene más chance de escapar a diferencia de otras cosas, porque el jabón se deshace en su espuma. Hoy tú sigues cansado y quizás puedas cambiar de rutina; pero no puedes cambiar tu existencia. Tienes que cargar con tu cuerpo hasta que te llegue tu día. La vida se nos va entre el gusto y el disgusto: “no me gusta”, “no me entienden”, “estoy cansado”; “hoy no quiero hacerlo, quizás mañana sí”. Y las lágrimas, tan fieles, salen por la repulsión de tu dolor. 60 y tantos años llorando de vez en cuando, y el torrente no se agota. El dolor vivido nunca desaparece.

Amigo, cumplir años no significa que tenemos más años. Cuando cumples años, no acumulas más años: en realidad, son años perdidos, años que solo fueron testigos en el drama de tu vida. Los verdaderos años que tienes son los recuerdos procesados en los pasillos de tu mente y de tu conciencia. El tiempo cronológico fue el compás de una brújula imaginaria solo para que supieras dónde estabas. Hoy me desperté igual que tú, y sentí el precio que cobra medio siglo, y no por el cansancio físico: pesa más la maleta de lo vivido. Los años no pesan. Solo dejan huellas, las cuales crecen con el alimento de tu experiencia; y, en tiempos de cólera, ellas explotan como las minas de tu propia guerra. Tienes un cuerpo perecedero del cual no puedes escapar; pero tampoco renuncies a él, porque el alma sigue viva y ella te va a reclamar. Solo vive cada día como si te fueras a morir mañana.

Caminante, este planeta es la escuela de la cual nunca te gradúas. Recuerda que esta vida es solo una tesis de ilusiones. ¡Dale, campeón o campeona! Y recuerda que cada día que pasa es el presente. El pasado es el presente que pasó, y el futuro es el presente que vendrá. Todo queda en el presente. Tómate tus vitaminas y tus medicamentos. Haz tu caminata y ríete a carcajadas, regálate un descanso y visita tu médico de vez en cuando. Si sientes palpitaciones en tu pecho, no, no es la muerte: es el tiempo alertando para que despiertes y sigas caminando. Recuerda que, en cien años más, ya no estaremos aquí; y alguien más será el dueño de lo que ahora es tuyo. ¡Ni tus bisnietos sabrán quién fuiste! Dejemos el miedo: el noventa por ciento de las cosas a las cuales tememos nunca llegan a suceder, y ahora nos quedan menos años que antes. ¡Caminemos!

Dr. Elvis Méndez Compiano

Kinesiólogo quiropráctico

Compositor y escritor.

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El Día

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