Reflexión profunda

El desarrollo de un país depende mucho de los incentivos que ofrezcan las instituciones crediticias y la confianza en los potenciales inversionistas que acudan a ellas.

El caso de la República Dominicana es paradigmático. Hay muchos dominicanos interesados en préstamos y acuden a los bancos comerciales con ese fin, solo que la naturaleza y los fines de los préstamos solicitados difieren mucho unos de otros.

Pocos son para las asociaciones de inversionistas y con ellos iniciar una modesta empresa que aporte empleos y productos que puedan ser colocados al menos en el mercado local.

Son las llamadas pequeñas y medianas empresas, que en mucho ayudan a cientos de dominicanos, pero que no resulta una práctica o, como planteara el vocero de la Asociación Dominicana de Exportadores, resulta más fácil obtener un préstamo para comprar un vehículo que para abrir una empresa.

Muchas veces la sintonía de los dominicanos, con eso de los préstamos, no está en tomar una fuerte suma para abrir negocios, sino que piensan, primero y a corto plazo, en la seguridad de la familia; y van a los bancos para proporcionarle un techo seguro o un medio de transporte, dada la crisis y constantes huelgas del transporte público.

Indudablemente que la fragilidad económica hace que muchos dominicanos, y cabeza de familias, tomen medidas individuales que no aportan mucho al desarrollo global como país. El tema es para sumergirnos en una reflexión profunda.