Reflexión impopular sobre los combustibles
El precio de los combustibles en el mercado internacional ha estado subiendo, incluso más de lo previsto, y difícilmente volvamos a verlo a los precios que tuvo durante el cierre de las economía aplicado por la mayoría de las naciones durante los primeros meses de la pandemia.
Han estado ocurriendo otros fenómenos estacionarios que también han tenido efecto, hacia el alza, en el mercado del petróleo y sus derivados.
El Gobierno tiene varias semanas congelando los precios de los combustibles.
Esa práctica, a la larga, “provoca más mal que bien”, pues cuando el gobierno congela los precios de los combustibles ese diferencial es absorbido como deuda pública que finalmente terminamos pagando todos.
En definitiva, se está aplicando un subsidio generalizado a los combustibles que consumen los ricos y los pobres. Pero resulta que quienes más combustibles consumen son los ricos, por lo que ese subsidio disfrazado termina beneficiándolos más a ellos.
La economía suele ser muy simple y a la vez muy compleja. Lo que en un momento podía ser bueno, en otro puede resultar perjudicial.
Estamos en el momento de detenernos y meditar si seguir absorbiendo los aumentos de precios de los combustibles resulta beneficioso o perjudicial para la estabilidad económica.
Sin duda que aumentar los precios internos de los derivados del petróleo no resulta popular, pero hay que seguir cuidando la salud macroeconómica.
