Reflexión
¿Es posible que aquí surja uno de esos sujetos vociferantes, groseros, al estilo Milei o De la Espriella, que, con un discurso ultrareaccionario, racista, anticomunista, pro-Israel y sumiso a Trump, rebase a los partidos del sistema y gane las elecciones? Tomemos en cuenta las condiciones en que esa clase de personaje prospera.
Habilidad tal vez no les falte para aprovechar la decepción, las insatisfacciones y el descontento de los pueblos frente a la falta de soluciones que ofrece el sistema político y los partidos y gobiernos que lo representan.
Se vuelven los más rabiosos críticos y prometen los remedios más radicales a problemas como la inseguridad y el orden público, la crisis de los servicios públicos, la inmigración y la ineficacia de los gobiernos frente asuntos vitales para la población.
Como los grandes partidos se agotan, pierden credibilidad ante el electorado, entran en crisis, entonces caen del cielo estos “independientes”, “outsiders”, como se les dice ahora, y con una bien montada campaña mediática, demagógica, con una actitud de aparente ruptura con el orden imperante, especulan con los anhelos de cambio de mucha gente y hasta pueden llegar al poder.
Peor aún, cuando la izquierda revolucionaria, las fuerzas democráticas y progresistas no pueden presentar ofertas electorales alternativas; y mucho peor aún, cuando un gobierno de esos que se les denomina de izquierda o progresista lo ha hecho mal y decepciona a la población.
Con todos esos factores en presencia, el campo está abonado para que el mesías baje del cielo.
Aquí, a pesar del entorno internacional tan negativo, de las insatisfacciones y las tensiones sociales, de la inseguridad, la falta de soluciones a problemas fundamentales, el espacio para el “independiente” neofascista y ultra reaccionario es muy pequeño, por ahora.
En un seminario reciente del Frente Amplio, una de las expositoras aportó datos estadísticos según los cuales las simpatías, el peso de los grandes partidos es muy grande; a pesar de lo inconsecuentes e incumplidores que han sido.
El nivel de militancia partidista de la población también, aunque esté movida por intereses materiales, esperanzas de empleo o beneficios y dádivas del Gobierno. Esos partidos dominan el espacio electoral y la brecha para el mesías es muy estrecha.
Así, aunque estemos en la era de lo estrafalario, por más seguidores y visitantes con que cuente en sus redes sociales, quien diga que busca la presidencia como “independiente”, va a tener que ponerse en fila y esperar.