Recuperar el turismo

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Federico Alberto Cuello

Las fronteras se abrirán y los vuelos volverán a partir del 5 de julio próximo. Así lo anunció el presidente Danilo Medina en su discurso de la covidianidad, convivencia cotidiana con el COVID-19 que tendrá cuatro fases antes de contar con vacunas y tratamientos.

Pocos sectores han sufrido más que el turismo. Sin aviones viajando ni pasajeros volando, con aeropuertos cerrados y hoteles vacíos, el turismo mundial continúa en estado crítico. En Europa los vuelos cayeron 67%, aunque Iberia (-95%), Air France y British Airways (empatadas a -96%) bajaron aún más.

Hoy es prioritario recuperar unsectorqueaportó el año pasado US$7.8 mil millones—esto es, 3 de cada 10 dólares exportados—, que genera 1 de cada 10 empleos formales y que es esencial para nuestra agropecuaria. Por eso la “covidianidad” en turismo se escribe con capacidad, confianza y seguridad.

Irse de vacaciones será difícil desde los EEUU, con 38.6 millones de nuevos desempleados. Igual pasará en Europa, aunque allí el paro sea la tercera parte del estadounidense. Así, la capacidad del turista para regresar dependerá de la recuperación en nuestros principales mercados.

Por ello el Secretario General de la Organización Mundial del Turismo, Zurab Pololikasvili, recomienda reabrir gradualmente hoteles y restaurantes, priorizando el turismo local y regional. Quizás valga la pena considerar que la transición pudiera acortarse si nos promoviéramos en aquellos mercados de Asia y el Medio Oriente que mejor hayan contenido el contagio.

La confianza depende de reducir la incidencia del coronavirus a niveles bajos, manteniéndolos aún después de reactivado el turismo. Por ello, Gloria Guevara, del Consejo Mundial de Viajes y Turismo, reclama estándares comunes de salubridad y de pruebas aplicables a líneas aéreas y hoteles.

La propia Unión Europea acaba de aprobar oportunas recomendaciones en la materia, llamando a sus miembros a “levantar las restricciones primero en áreas con una situación epidemiológica comparable y donde existan capacidades suficientes en términos de hospitales, pruebas, vigilancia y rastreo de contactos”.

La seguridad comienza en el aeropuerto, adonde sólo se ingresa con mascarillas y guantes, siendo su uso constante hasta llegar al destino, dondese desinfectan maletas y manos yse miden temperaturas según nuestro estricto protocolo oficial. En breve seguro tendremos túneles de rayos ultravioleta como ya usan en Doha antes de pasar migración.

La seguridad se comprueba además en las tasas de infección de nuestros polos turísticos —las menores del país— habiendo también contenido el contagio en las zonas más afectadas. “Este es el mensaje clave que vamos a remachar: República Dominicana es un destino seguro”, dijo Magaly Toribio, asesora en mercadeo y exviceministra de Turismo. La prueba nos ha servido para fortalecer nuestra sanidad, objetivo nacional que no podremos jamás descuidar gane quien gane las elecciones.

Pocas cosas más placenteras podrá hacer el viajero que poner pie en tierra quisqueyana, cuyas almas generosas, forestas frondosas y playas espumosas no tienen comparación. Será la mejor terapia después de tantas semanas de cuarentena, reactivando el turismo y, con él, a toda su cadena de suministro.

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