Quiero tocar a ese hombre

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Ella estaba en su casa postrada en su lecho frente a la ventana. Esta mujer era muy feliz en sus días de juventud.

Aquellos días dejaron de ser radiantes, pues de repente le llego una enfermedad que le cortó su gozo.

Tenía un flujo de sangre, no sabía qué pudo causarle este padecimiento. Duró doce años tratando de curarse de este tormento, gastó toda su dote o herencia que sus padre le habían dejado y no encontraba sanidad.

Llega la esperanza. Esa mañana, cuando ella se disponía a tomar el sumo medicinal, escuchó un ruido por la calle, le preguntó a su mucama qué estaba pasado; ella le dijo con dejadez: hay un hombre llamado Jesús que está haciendo milagros y perdonando pecados.

Al escuchar estas palabras, esta mujer postrada en su tálamo se levanta y sale de su casa para ver a este hombre.

Había una gran multitud que le apretaba. Pero su pensamiento era si tan solo tocara el manto de ese hombre podría ser salva y sanada, y cuando logró tocar su manto vino la sanidad, la fuente de la sangre se secó.

Y cuando lo tocó, dice la Biblia en Marcos 5: 30-34: “Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos? Sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado? Pero él miraba alrededor para ver quién había hecho esto.

Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad. Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote”.

Vino una restauración para esta mujer, su fe la llevó a estar cerca de Jesús, todos nosotros tenemos situaciones que está enferma nuestra vida, hoy podemos acercarnos a Jesús y tocar su manto y ser sanados.

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El Día

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