Estos han sido días de aprendizaje para los que interactuamos vía redes sociales.
Toda la arquitectura que rodea esas aplicaciones comenzó a ser sacudida una vez que se informó de los cambios que existirían en el nuevo código penal.
Lo que no imaginamos es que colateralmente revelaría al menos dos aspectos:
Uno de ellos, el ego que sustenta a muchos de los que manejan plataformas de comunicación vía redes sociales.
El otro, las malquerencias por no haber sido invitados a una reunión o por desautorizar la calidad de representante del sector a determinada persona o grupo.
Pero también seamos justos, se podría interpretar que reconocer que alguien te representa implicaría colocarle por encima de ti como creador de contenido, por lo que eso podría ser un atenuante de los resabios que hemos presenciado.
Un extra surgido en esta atmósfera ha sido el intercambio entre el activista y comunicador “El Piro” y el muy conocido usuario de la red “X”, @Kpinini. ¿Qué es destacable en este “affaire”? La existencia de cuentas anónimas o sin responsable visible que, escudándose en esas circunstancias, transgreden los límites del respeto mutuo.
Así pues, uno de los errores que con frecuencia se cometen, consiste en interactuar con algunas de esas cuentas sin reparar que por su anonimato pueden difamar, insultar y acusar sin mayores consecuencias, pues en principio habría que dedicar tiempo a investigar quién es el humano ¡o posible bot! que se comunica a través de ella.
Peor aún es la pérdida de tiempo con alguien que no tiene relevancia alguna en términos reales, que habla por boca de ganso, y como lo denunciado, incluso por paga.
Dada la agresividad que se ha ido acumulando en las redes sociales y la imposibilidad de saber a ciencia cierta quién o qué maneja una cuenta, creo legitimo preguntar mientras navegas por esos mares:
¿Quién eres?