Quemar las Naves

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Germán Marte, periodista veterano, realizó el pasado lunes un reportaje en el periódico El Día sobre las “Nuevas formas de protestar”, en el cual analiza las percepciones de un grupo de jóvenes periodistas y activistas. Pero, más allá de mostrar la realidad de nuevas voces, métodos, concepciones y formas, lo que se quería era proyectar una parte de la nueva generación, que decepcionada con la realidad del país, irrumpe en el plano público para plantear sus posiciones y sus descontentos.

Nunca son suficientes espacio y tiempo en la prensa para agotar un tema con tantas implicaciones. Y es que el camino que falta por recorrer, los desafíos por sortear, las experiencias que debemos acumular, y sobre todo, las debilidades que debemos superar, son tantas, que faltarán muchas, pero muchas nuevas discusiones para arribar a puerto seguro.

Yo, que en los últimos años he tenido la suerte de participar en las más significativas luchas sociales y/o iniciativas protagonizadas por jóvenes, he acumulado un conjunto de experiencias y aprendizajes que me conducen necesariamente a querer ampliar, utilizando esta columna, las recomendaciones que quisiera hacer para aquellos/as que se decidan por el difícil camino de apostarle a la vida.

Si el objetivo es influir y promover el cambio social en el país de una forma verdadera, profunda y sin medias tintas, se hace fundamental que comencemos a enfocar todas las energías en CONSTRUIR. Tenemos que pensar en un proyecto a mediano y a largo plazo que supere la visión coyuntural, sin descuidarla, y que permita acumular, entre todos, los recursos y las fuerzas para cambiar la historia.

El criterio fundamental del cual deberemos partir, es de que estamos compelidos a crear un verdadero MOVIMIENTO JUVENIL, compuesto por verdaderas organizaciones, fuertes, representativas de la mayoría, de presencia nacional, institucionalizadas; un movimiento que asuma causas y las pueda ganar. Para lograr esta meta tenemos 3 millones de jóvenes, entre 15 y 25 años, y cientos de colectivos dispersos en toda la geografía nacional, que están a nuestra espera, para que les ayudemos a convertir el país que todos queremos, del sueño a la realidad.

El trabajo fundamental es pues la construcción sistemática, persistente y sin premura de organizaciones en todo el sentido de la palabra; Hacer un trabajo tesonero para acercarnos a los jóvenes en sus propios escenarios, centros de estudio, de trabajo, canchas deportivas, estadios, cibercafés, parques y plazas, cines y esquinas calientes, relacionarnos con ellos, sus inquietudes, expresar sus aspiraciones e ideales, y desde esa legitimidad social, impulsar su organización, politización y motivar que eleven sus niveles de conciencia.

Deberemos crear un movimiento juvenil con una militancia bien formada, que desarrolle permanentemente y a plenitud sus capacidades, y que induzca la educación y la formación de los demás jóvenes. La nueva militancia deberá también ser cohesionada, disciplinada y representar una luz y un ejemplo para los demás en todos los sentidos.

Las nuevas organizaciones deberán contar con estrategias que les permitan avanzar por una hoja de ruta sin dar tumbos; ésta estrategia a largo plazo debe estar también expresada en metas concretas a corto plazo, en proyectos realizables y en instrumentos y acciones en las cuales se pueda hacer realidad.

Para lograr el objetivo de construir el movimiento que necesitamos, debemos también hacer votos con la vida, asumir el proyecto de transformación de la sociedad como un ministerio en lo personal, y como una causa en lo colectivo. Hay que trabajar como hormigas, pensando más allá de las diferentes coyunturas, apuntando hacia las causas que originan los males, evitando el sensacionalismo y el amarillismo mediático. Hay que remangarse los pantalones y ensuciarse los pies, meterse en los callejones y montarse en la cama de una camioneta veloz por la carretera polvorienta de cualquier Miches.

Hay que dejar muchas cosas atrás, la que propongo es una real ruptura con lo que hay, para empezar de nuevo.

Aunque parezca difícil, tenemos que comenzar a quemar las naves.