¿Qué pasa con el turismo en Bávaro?

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El turismo, tal y como lo conocemos la mayoría de los dominicanos, se refiere al flujo de visitantes extranjeros que vienen al país en procura del esparcimiento de playas, rodeados de seguridad y confort, a precios competitivos en la escala caribeña.

Es así como la región Este del país se convirtió en el polo turístico por excelencia, de la mano de Frank Rainieri y su impecable Punta Cana, y Gabriel Barceló con la masificación del “all-inclusive” que popularizó con sus hoteles Barceló.

Por diferentes situaciones he visitado varias veces este año la región Bávaro-Punta Cana, hospedándome en cuatro establecimientos diferentes, regresando cada vez más mortificado.

Lo que he visto me llena de preocupaciones, más aún sabiendo que nos manejamos en un mundo de 100 dólares el barril de petróleo y de recesión en las economías de los países cuyos nacionales han sido los turistas tradicionales del país.

En los establecimientos percibo instalaciones cansadas, mostrando el deterioro propio de años repletos de visitantes, sin las renovaciones necesarias.

Un personal donde abundan cada vez más extranjeros, carentes de la hospitalidad y ese deseo de brindar excelencia en los servicios que se percibía en años anteriores.

Las comidas de segunda y tercera categoría, inclusive, para mi indignación, en hoteles reputados como de la más alta categoría, donde se paga unos 250 dólares diarios por persona, y el huésped termina en fila para un bufé de los más ordinarios.

Y si sales del hotel, vías deterioradas, boulevard sin concluir con tramos muy peligrosos, vías carentes de drenaje pluvial, llenas de hoyos y zanjas, sin contenes ni aceras en la mayor parte del trayecto.

Abundan trabajadores extranjeros deambulando, “cualquierizando” establecimientos que antes lucían esa gracia inconfundible de lo dominicano. Excepción hecha de Punta Cana/Cap Cana, las cuales lucen un paraíso del orden y el buen cuido.

Ello me lleva a pensar que si todos los actores del escenario turístico de Bávaro no se unen y disponen de medidas drásticas que reviertan la tendencia actual, dentro de pocos años a Bávaro lo podríamos ver como un polo turístico gastado, carente de valor agregado.

Se requiere concluir las infraestructuras públicas de manera correcta y a estándar mundial, motivar inversión privada en la renovación de facilidades, comprometer turistas de mayor poder adquisitivo, restaurar la calidad en los servicios, alimentos y bebidas, so pena de seguir “cualquierizando” Bávaro, con sus lamentables consecuencias.

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