¡Que la cosa no se quede ahí!
Muy bien. El Contralor General de la República renunció a su escandalosa pensión, abrumado por la presión popular.
Eso está muy bien, pero no es suficiente.
Todo el mundo sabe que iguales o peores casos se presentan en otras instituciones de las llamadas autónomas.
Es hora ya de revisarlas todas y bajarlas de esa nube a la realidad. Si no se hace así, entonces habría que darle la razón al contralor cuando dice que lo suyo es un asunto personal, meramente político.
Manos a la obra, pues. Hay muchos millones de pesos y dólares mal puestos por ahí, con los cuales el Estado podría aliviar algunos de los problemas más acuciantes que aquejan a nuestro país.
¿A qué o a quién le teme el Gobierno? Deseo fervientemente que me respondan que ¡a nada, a nadie!, que el Gobierno se sabe apoyado por el pueblo si adopta medidas heroicas, y que va a corregir aquellas distorsiones, de una vez y para siempre.
Deseo, como millones de dominicanos, que se corrijan los sueldos y pensiones escandalosamente lujosos, las superjeepetas caras que sirven para pasar los charcos en el camino hacia el Tribunal Constitucional, y los barrilitos y beneficios similares que se autoasignan los legisladores.
¡Que no se quede ahí la cosa!