SANTO DOMINGO. – Las relaciones diplomáticas entre República Dominicana y Nicaragua atraviesan uno de sus momentos más tensos en décadas, a pesar de no existir entre ambos países disputas territoriales, comerciales ni migratorias.
El cierre de la Embajada de Nicaragua en Santo Domingo constituye el episodio más reciente de una confrontación que tiene como eje central la democracia y el derecho de la oposición nicaragüense a competir por el poder.
Origen del conflicto
El detonante se produjo el pasado 19 de julio, durante la conmemoración de la Revolución Sandinista, cuando Daniel Ortega declaró públicamente que su gobierno no permitiría que sectores opositores regresaran al poder mediante la vía electoral.
El Gobierno dominicano consideró estas afirmaciones contrarias a los principios de la democracia representativa y defendió el derecho de los nicaragüenses a elegir libremente a sus autoridades. La administración de Ortega respondió con descalificaciones, utilizando términos como “voces vasallas y servidumbres vergonzosas” para referirse a las críticas oficiales desde Santo Domingo.
Medidas diplomáticas y cierre de la sede
Ante la escalada verbal, el presidente Luis Abinader ratificó la postura firme del país en defensa de la democracia y, el 23 de julio, el Ejecutivo ordenó llamar a consultas a la embajadora dominicana en Managua, Acsamary Guzmán Nina, dejando la misión a cargo de un encargado de negocios interino.
Siete semanas después, el régimen nicaragüense respondió cerrando de manera definitiva su representación diplomática en suelo dominicano. Aunque formalmente no se han roto los lazos bilaterales y la misión dominicana en Managua sigue operando, la decisión de Managua incluyó poner en alquiler el inmueble que ocupaba su embajada en la calle Bohechio (Ensanche Julieta), reflejando un marcado deterioro institucional.
Perspectivas y antecedentes
Esta postura se alinea con la política exterior adoptada por la administración de Abinader en los últimos años frente a crisis regionales de carácter democrático, como los casos de Venezuela y Nicaragua.
Históricamente, ambos países mantenían nexos formales desde 1949 —inicialmente gestados bajo las dictaduras de Rafael Leónidas Trujillo y Anastasio Somoza García— y comparten espacios de integración como el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) y el tratado de libre comercio DR-CAFTA.