Miércoles, 24 de abril, 2019 | 5:47 pm

¿Qué es el boschismo? (2)



Todo autor que pretenda brindar una teoría social, política o económica, ha de asumir una antropología como punto de partida, sea de manera explícita o implícita. Sin definir -o suponer- qué entiende por ese ente que es el ser humano es imposible construir una explicación de lo que es la sociedad y su transformación.

Las fortalezas y debilidades de la gran mayoría de las teorías sociales se deben a la coherencia o contradicciones internas de lo que es el ser humano de manera realista. La ética -por poner un ejemplo-, que es una ciencia social en cuanto análisis racional de las decisiones que enfrentamos como entes sociales, si no se fundamenta en una antropología realista termina siendo una colección de buenos deseos imposibles de llevar a la práctica, salvo mediante la coerción, y en tal caso deja de ser una cuestión ética para ser un tema jurídico.

En el caso concreto de Juan Bosch su antropología, que se expresa de manera explícita en muchos textos, aspira a ser una compresión del ser humano de carácter universal, escapando a las expresiones chovinistas, racistas, machistas o xenófobas. Un buen ejemplo es la conocida carta a sus tres amigos en La Habana en 1943. El valor de toda vida humana para Bosch es un imperativo que fundamenta toda su teoría socio-política, incluso a la largo de las variaciones en el uso de herramientas de interpretación que empleó en su existencia como autor y como político.

El reconocimiento de la dignidad de la vida de todos los seres humanos, al momento de tomar decisiones sobre acciones violentas para cambios políticos, es muy evidente. El cálculo de las posibilidades de éxito de las empresas revolucionarias bajo su liderazgo fueron siempre una cuestión para él de la mayor transcendencia.

Únicamente dos acciones en su vida como líder política las impulsó consciente de que generaría muchas muertes. La expedición de Cayo Confites y la Revolución de Abril del 1965. Ambas tenían al momento de iniciarlas la justificación de que era una necesidad actuar de esa manera para lograr la libertad y prosperidad de los dominicanos, y ambas estaban llamadas a ser exitosas. No lo fueron por variables que escapaban a la compresión de factores imposibles de calcular en su tiempo, tanto para Bosch como para los que le acompañaban.

En el otro extremo de esa preocupación de Bosch por cuidar de la vida de hombres y mujeres bajo su mando, acciones que no tomó como líder por considerar que provocarían un baño de sangre sin posibilidades de éxito están bien definidas en su biografía y nuestra historia reciente.

El no respaldo a la expedición del 14 de Junio del 1959, la respuesta inmediata al Golpe de Estado, la llegada del Coronel Caamaño en 1973 y el fraude en las elecciones del 1990, por mencionar algunos.

Algunos políticos y cientistas sociales lo han difamado como cobarde por no actuar moviendo al pueblo en casos como los mencionados, pero dentro de la visión antropológica de Bosch al pueblo no se le conduce a un genocidio sin posibilidades de cambio social.

Otro aspecto muy especial de su antropología, y que proviene desde sus primeros cuentos,  atravesando toda su obra, es su especial sensibilidad por los más pobres. Desde su teoría temprana sobre los responsables de la miseria de los campesinos dominicanos, que se lo adjudica a los pueblitas, hasta su interpretación de las clases sociales en los años 80 del siglo pasado, donde llega a formular la existencia de una pequeña burguesía pobre y otra pobrísima, todos los textos de Bosch comunican una resonancia de preocupación por los hombres y mujeres más pobres de su país y de los países caribeños y latinoamericanos. Sus críticas más hondas emanan contra el empobrecimiento de nuestro pueblo a partir de acciones gubernamentales o la expoliación del capital transnacional. Los pobres fueron siempre su privilegiado grupo de interés.

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