Viernes, 24 de mayo, 2019 | 5:27 pm

¿Qué es el boschismo? (1)



En muchas ocasiones me han formulado esa pregunta cuando dicto conferencias o cursos sobre el pensamiento de Bosch. He leído algunos textos que intentan aclarar ese concepto -desde que en el 1987 el PLD lo proclamó como su doctrina oficial- sin gran éxito.

En un texto de Vanguardia del Pueblo, Radhamés Jiménez Peña señala: “El Boschismo, que es el instrumento ideológico y doctrinario del Partido de la Liberación Dominicana (P.L.D.), ratificado como tal en el V Congreso General Ordinario, celebrado en el año 1994, es el único planteamiento social, político y económico, que salvo las inevitables reactualizaciones y reacomodamiento a los cambios que de manera vertiginosa ocurren en nuestro mundo de hoy producido por la más impresionante revolución tecnológica que repercute en todos los rincones del planeta, puede colocar nuestro país en condiciones de responder con éxito a los grandes retos que tenemos por delante en lo que nos resta del presente siglo”. El mismo autor señala al iniciar el siguiente párrafo que: “Uno de los méritos más trascendentales del Boschismo, es la incorporación del elemento ético en la actividad política como eje fundamental de la misma”.

Precisamente por el énfasis último que señala Jiménez es importante destacar que los errores fundamentales en los esfuerzos explicativos sobre el boschismo ocurren porque parten de dos supuestos falsos: a) Que la producción teórica de Bosch a lo largo del tiempo es unitaria y b) Que separan la integridad personal del fundador del PLD de su accionar político. Lo primero es evidente, porque el mismo Bosch lo señala, de que a lo largo de su vida tuvo que enfrentar cuestionamientos profundos de sus concepciones que los llevaron a grandes cambios en su interpretación de la realidad. Dos buenos ejemplos, tomados de las palabras de Bosch, son los casos de Hostos y Marx. Del primero señaló que lo llevó a nacer de nuevo, del segundo que le salvó de morir en la mentira. Expresiones fuertes que comunican el impacto que ambos autores tuvieron en Juan Bosch. Sobre el segundo error: algunos peledeistas, luego de dos décadas en el poder, adjudican el moralismo de Bosch a un suerte de terquedad del “viejo” o ingenuidad del intelectual, que incluso lo llevó a “perder” el poder en 1963. Por supuesto esas explicaciones son excelentes para justificar la corrupción y todas las violaciones a la democracia para mantenerse en control del Estado.

Para avanzar hacia un teoría que merezca el nombre de teoría y que pueda ser considerada con cierto grado de originalidad, para darle como nombre boschismo, requerimos identificar influencias y una antropología explícita. Está claro que las dos principales influencias de Bosch en sus primeros 40 de existencia fueron Hostos y Martí. El primero proviene de su educación con maestros de la escuela hostosiana y su posterior lectura y análisis de todos los textos de Hostos en 1938. El segundo lo recibe por su vida en Cuba y sobre todo por su amistad con los principales dirigentes del Partido Revolucionario Cubano Auténtico.

Un segundo núcleo de influencia en su pensamiento, sobre todo en su concepción de la democracia, proviene de su cercanía con José Figueres, Rómulo Betancourt, Luis Muñoz Marín, Jaime Benítez Rexach, Víctor Raúl Haya de la Torre y Jacobo Arbenz Guzmán. Es con ellos en la cabeza que inicia su gobierno el 27 de febrero del 1963 y con la Constitución cubana de 1940 piensa la Constitución dominicana del 1963.

Un tercer foco de influencia proviene de sus lecturas de Carlos Marx en España y Francia entre 1968 y 1970. Interpretación muy propia de Bosch, centrada en la cuestión de las clases sociales y sus luchas como motor de la historia. Personalmente, por la lectura de sus textos, es evidente la huella de Marx en sus textos de 1944.

En la próxima Bitácora para lúcidos abordaremos la cuestión de la antropología boschista.

Publicidad