Santo Domingo.- El vicepresidente ejecutivo de la Empresa de Generación Eléctrica Punta Catalina (EGEPC), Celso Marranzini, afirmó que la entrada en operación de la central termoeléctrica ha representado un aporte “inmenso” a la estabilidad del sistema eléctrico dominicano, al tiempo que aseguró que la planta cumple con los estándares ambientales establecidos para su operación.
Durante su participación en el Almuerzo Semanal del Grupo de Comunicaciones Corripio, Marranzini explicó que Punta Catalina cuenta con un sistema de monitoreo permanente de sus emisiones, cuyos resultados son auditados por la firma Rina Consulting, que reporta a los bancos europeos que financiaron la construcción de la central.
“Nosotros no contaminamos”, expresó Marranzini al referirse a los cuestionamientos relacionados con el uso de carbón.
En ese orden, dijo que Punta Catalina dispone de un sistema denominado QCS (Quality Control System), mediante el cual se monitorean diariamente las emisiones de la planta.
Según indicó, la auditoría externa se realiza cada año, generalmente en noviembre, y afirmó que el informe correspondiente al año pasado fue “excelente”.
Agregó que los auditores han reconocido cambios positivos en la gestión de la empresa durante los últimos dos o tres años, incluida la relación con las comunidades cercanas.
Marranzini señaló que Punta Catalina mantiene programas de apoyo a iniciativas comunitarias y consideró que tanto el sector privado como el Gobierno deben devolver a la sociedad parte de los beneficios que generan.
Punta Catalina aporta 720 megavatios
El ejecutivo destacó que la central representó una incorporación de 720 megavatios al sistema eléctrico nacional y sostuvo que, a partir de esa entrada, la situación del sector es diferente a la que existía décadas atrás.
Marranzini sostuvo que el sistema eléctrico dominicano ha crecido 54% entre 2020 y 2026, mientras se han incorporado nuevas fuentes de generación.
Entre ellas mencionó Energía 2000, que actualmente genera 289 megavatios mientras completa su ciclo para alcanzar unos 400 megavatios; la planta de San Felipe, que aportará otros 500 megavatios entre diciembre y enero; y los proyectos de Manzanillo, que contemplan unos 800 megavatios.
También recordó que durante el verano del año pasado se incorporó una nueva barcaza en Azua con capacidad de 230 megavatios.
Marranzini comentó sobre un proyecto para instalar un sistema de almacenamiento mediante baterías con capacidad de 75 megavatios, que describió como el parque de baterías más grande de una empresa en el Caribe, lo que permitiría a Punta Catalina obtener unos 20 millones de dólares anuales.
Marranzini destacó que durante determinadas horas de la mañana la generación solar puede alcanzar entre 1,000 y 1,300 megavatios.
También señaló que AES instalará unos 130 megavatios de baterías distribuidos en diferentes parques.

Las distribuidoras modernizan sus redes
Marranzini sostuvo que el desafío del sector eléctrico no se limita a la generación, sino que también requiere inversiones sostenidas en las redes de distribución y en la reducción de las pérdidas.
Indicó que las empresas distribuidoras cuentan con 169 subestaciones, de las cuales 111 estarán repotenciadas o serán nuevas al 31 de diciembre.
A esto agregó la incorporación de tecnología para detectar manipulaciones de los medidores y conocer de manera remota el comportamiento del consumo.
Explicó que los nuevos medidores permiten que una alteración sea detectada directamente por la distribuidora, eliminando parte de los procesos que anteriormente dependían de lecturas presenciales.
La tecnología, dijo, también permite que cuando a un usuario se le suspenda el servicio por falta de pago y posteriormente regularice su situación, la reconexión pueda realizarse en unos 15 minutos, en lugar de esperar varios días.
El reto de cobrar la energía
Marranzini manifestó que uno de los principales retos es lograr que los usuarios paguen regularmente la electricidad que consumen.
Afirmó que durante años se creó en el país una cultura en la que parte de la población asumía que el servicio eléctrico debía ser gratuito, una práctica que consideró difícil de modificar de manera inmediata.
En ese sentido, consideró que reducir las pérdidas y mejorar la cobranza no es una tarea que pueda resolverse en uno o dos años, sino que requiere un proceso continuo durante cinco, seis, siete u ocho años.
Marranzini indicó además que el año pasado se incorporaron 150,000 nuevos clientes al sistema y estimó que este año se sumará una cantidad similar.