Publicidad estatal y educación

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Tenía entendido que cuando una institución del Estado, centralizada, descentralizada o municipal necesitaba el concurso de la población para que las políticas públicas tuvieran la efectividad y eficacia esperadas era necesario darlas a conocer por los medios de comunicación más adecuados y dentro del espacio geográfico o grupal necesario.

Creía que con los anuncios de las acciones adoptadas por parte de las entidades estatales sólo se debía dar a conocer la ejecución y razón de ser de tales medidas, con la finalidad de que la población estuviera preparada, contribuyera con ellas, disponiendo las medidas personales, familiares y grupales a adoptar para su exitosa implementación.

Estimaba que a través de los anuncios institucionales no se procuraba la promoción personal de los ejecutores de tales políticas, porque cuando los ejecutivos o directores querían hacerlo debían acudir a sus fuentes de recursos para hacerlo, no a los que pertenecen a las instituciones.

Para mí era de principio que ninguna institución podía emplear sus recursos para promover la figura de quien pudiera ser el líder o dirigente político, nacional o local, del ejecutivo o directivo de turno de la entidad.

El comportamiento de la mayor parte de las entidades del Estado me ha hecho despertar del sueño. Una gran cantidad de instituciones públicas y cuantas entidades integran la burocracia estatal y paraestatal colman el país de vallas, anuncios radiales, televisivos, en revistas y periódicos cuyos contenidos informativos no son más que mecanismos de promoción personal a costa del erario. Eso se llama abuso de autoridad y fraude.

No sé si es cierto, pero la publicidad estatal, que, por lo que se ve, crece como la verdolaga en tiempos de campaña, se lleva alrededor de 10 mil millones de pesos al año, de los cuales la mayor parte se van al zafacón de los personalismos que yugulan la fuerza social.

Pero no hay dinero para la educación, que es la más productiva de todas las inversiones, pues ella contribuye a la erradicación de la pobreza y a la disminución de la violencia y de la delincuencia, entre tantos males que nos aquejan.

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El Día

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