Pronóstico de vida

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Hace un año y un mes cumplí 50. Número arbitrario, fruto de nuestro sistema decimal, que no trasciende nuestros diez dedos en las manos para contar, y la cuenta que llevamos de las vueltas de nuestro pequeño planeta en torno a la estrella que llamamos Sol. ¡Pero ya son 51!

Mi madre murió a sus 63, posterior a una década de Alzheimer, mi padre a sus 79, luego de dos marca-pasos su corazón no tenía más fuerza para latir. Mi abuela materna alcanzó sus 80 y pico con el mismo padecimiento que mi madre, mi abuelo paterno alcanzó sus 70 y falleció por los mismos motivos que papá. Esa es mi herencia, asuntos de memoria y corazón.

Fumo habanos…¡creo en demasía!, tengo sobrepeso y llevo una vida sedentaria. ¿Cuánto me queda? Vaya usted a saber. Indudablemente que es menos de los vivido. ¿Completaré los proyectos que me ocupan? No lo sé.

La vida es puro riesgo, nadie sale vivo de ella. De joven me suponía inmortal. Todos somos así en esa edad. A mi edad cada día vale, no para preservarme vivo, si no para vivir, para servir, para amar.

Cavilando en estas cosas viene Alina por detrás, me abraza y me da un beso tierno. ¿De qué sirve tanto cavilar y tanto afán? Puedo morir en ese momento, en ese beso, y sería absolutamente feliz, amo y me aman.

Lo bueno que he recibido es mucho, si hay algo mejor allende la muerte lo recibiré con gratitud. Si no hay nada, agradezco infinitamente lo vivido.

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El Día

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