Promesas y obras

En muchos espacios, incluidos foros internacionales, nos empeñamos en definir a la República Dominicana como un país en vías de desarrollo, pero a lo interno, si hacemos un análisis económico y social, no es así.
No hay un día en que no se haga un reclamo, una manifestación, una movilización, un recordatorio de una promesa incumplida. Así vemos pliegos de demandas diversas, presentadas por asociaciones y federaciones de juntas de vecinos que denuncian el pésimo estado de las escuelas, avenidas y calles, así como la carencia de agua potable, energía eléctrica, mal servicio de la recogida de basura y otros servicios sociales, que no existen o están en condiciones muy precarias.
Lo cierto, si hacemos una lectura objetiva de tal situación, es que la República Dominicana, más que hacia el camino del desarrollo, parece estacionada en una etapa crítica del subdesarrollo.
En muchas oportunidades se ha dicho que la educación produce desarrollo. Y produce desarrollo un servicio permanente de energía eléctrica.
En cambio, las deficiencias en uno y otro servicio, para solo mencionar dos, abren un camino hacia el retroceso, hacia la ignorancia; y sobre todo, nos pone de frente ante un panorama que disuade la inversión y espanta a los inversionistas, tanto nacionales como extranjeros.
Entre la percepción de que somos un país en vías de desarrollo y la cruda realidad, nos quedamos con la verdad de los indicios, que habla por sí sola. Necesitamos una República Dominicana con soluciones eficaces e inmediatas ante problemas simples, y con sincera voluntad política para resolverlos.