Prófugos y peligrosos

La cárcel de Najayo, hasta hace poco, considerada una cárcel modelo y de seguridad, perdió categoría y credibilidad por la fuga insólita de ocho reclusos considerados peligrosos.

No solo cortaron los barrotes de las celdas donde estaban, sino que lograron burlar la “alta” seguridad y la “sólida” vigilancia y salieron sin ningún inconveniente por una de sus puertas, fuera del recinto.

Con la fuga se pasa a una fase que, lamentablemente, empaña la credibilidad de todo el personal de custodia comprometido. No importa el historial de los involucrados o las disposiciones que imparta el jefe de la seguridad del penal. El hecho ocurrió y pone en evidencia la vulnerabilidad del penal y del personal que tiene la indoblegable responsabilidad de responder a la sociedad por un servicio encomendado.

Una fuga masiva, que implica la salida bajo iguales circunstancias de ocho reclusos, levanta suspicacia. La investigación de este hecho no puede quedar de manera exclusiva en las manos de las autoridades de Najayo. Independientemente de que bajo su responsabilidad se hagan las primeras indagatorias de lugar para establecer las circunstancias reales y creíbles que facilitaron la exitosa operación de fuga.

Independientemente de que otros agentes hayan actuado con rapidez, y capturaran a dos de los reclusos, existe el precedente. La seguridad ha sido violada por partida doble. Hay que investigar este hecho a fondo, que puede ser el ensayo de una situación futura más peligrosa y comprometedora de la seguridad del penal y la fuga premeditada y alevosa de otros reclusos.