Problemas para pacientes y desconfianza en el sistema sanitario: lo que dice la Sociedad de Infectología sobre medicamentos falsificados
Santo Domingo.- La Sociedad Dominicana de Infectología aseguró que los medicamentos falsificados representan una amenaza para la salud pública y un problema para la seguridad de los pacientes, la confianza del sistema sanitario y el comportamiento futuro de enfermedades infecciosas.
La doctora Yoris Roque, presidenta de la entidad, sostuvo que una de las mayores preocupaciones sobre esos productos ilícitos es el impacto en la resistencia antimicrobiana o resistencia a los antibióticos.
“Cuando un paciente recibe un antibiótico adulterado, sub dosificado o sin el principio activo adecuado, no solamente existe riesgo de fracaso terapéutico; también se favorece la supervivencia de bacterias resistentes, acelerando un problema que hoy constituye una de las principales amenazas para la salud pública global”, dijo.
Agregó que la resistencia antimicrobiana no aparece únicamente por el uso excesivo de antibióticos.
“También puede verse impulsada por medicamentos de mala calidad que exponen a los microorganismos a concentraciones insuficientes para eliminarlos adecuadamente. En otras palabras, estos productos ilegales pueden contribuir silenciosamente a que las infecciones sean cada vez más difíciles de tratar”.
Al responder sobre una serie de reportajes sobre medicamentos falsificados publicados por el periódico El Día, indicó que “más allá del componente criminal y económico, estamos frente a un problema con implicaciones directas sobre la seguridad de los pacientes, la confianza en el sistema sanitario y el comportamiento futuro de enfermedades infecciosas en nuestro país”.
Sostuvo que también pacientes hipertensos, diabéticos, epilépticos o con enfermedad cardiovascular que consumen medicamentos falsificados pueden sufrir descompensaciones graves, hospitalizaciones evitables e incluso eventos potencialmente fatales.
“Otro aspecto particularmente preocupante es la evolución de estas redes de distribución. Hoy no hablamos solamente de ventas informales en mercados o calles; hablamos de comercialización a través de redes sociales, plataformas digitales y canales que permiten una difusión mucho más amplia y rápida hacia la población general”.
Puntualizó que “esto obliga a fortalecer no solo la vigilancia sanitaria y los mecanismos regulatorios, sino también la educación de la población. Muchas veces las personas adquieren estos productos buscando precios más bajos, sin dimensionar el riesgo que representan para su salud”.
Entiende que el comercio ilícito de fármacos debe abordarse desde una perspectiva integral, “fortaleciendo la vigilancia y fiscalización sanitaria, los mecanismos de trazabilidad de los medicamentos, la educación sobre uso seguro de medicamentos y las estrategias nacionales de contención de la resistencia antimicromobiana”.
Precisó que es fundamental continuar promoviendo el acceso seguro y oportuno a medicamentos de calidad, ya que la accesibilidad también forma parte de la prevención de este problema.
“La confianza de la población en los tratamientos médicos depende de que los medicamentos que reciben sean seguros, eficaces y regulados adecuadamente”, comentó.
Y agregó “permitir la expansión de productos falsificados pone en riesgo no solo a pacientes individuales, sino también la capacidad futura de tratar enfermedades infecciosas de manera efectiva”.
Hoy más que nunca debemos entender que un medicamento falsificado no es simplemente un producto ilegal: es una amenaza directa contra la salud pública.–