PRM: nuevos retos y propósitos

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El domingo recién pasado, bajo la carpa del hotel Sheraton de Santo Domingo, el Partido Revolucionario Moderno escribió un nuevo capítulo en su vida institucional. Los delegados de la XXIV Convención Ordinaria Orlando Jorge Mera, reunidos en asamblea nacional, proclamaron por aclamación a Luis Abinader como presidente de la organización.

Más que un acto de trámite protocolario, ha sido el resultado de un análisis mesurado y estratégico que conduce al partido al tránsito de un renovado modelo de liderazgo justo al cumplir dos años del segundo mandato constitucional frente a la dirección del Estado.

Que el compañero presidente de República asuma de igual modo las riendas del PRM, desde la posición de mayor jerarquía orgánica, se produce en un particular momento que vive el sistema de partidos políticos en República Dominicana. El PRM, atendiendo a un nuevo ordenamiento estatutario, se reconfigura con el objetivo fundamental de llegar organizado, unido y competitivo a las elecciones nacionales de 2028.

Retos
Uno de los retos de toda organización política que gana el poder es enfrentar, tarde o temprano, lo que el politólogo e investigador italiano Giovanni Sartori identificó como el verdadero examen de un sistema de partidos: “Lo auténticamente importante, más allá de la capacidad de conquistar la dirección del gobierno, es la solidificación del liderazgo que lo hizo posible”. El PRM abre esta nueva etapa con una amplia representación en los poderes públicos, desde el Congreso, los ayuntamientos y el Ejecutivo. Pero esa misma amplitud, si no se traduce en instituciones partidarias robustas, puede volverse laxa. La democracia no se agota en el momento electoral, sino en la calidad de las reglas que un partido se impone a sí mismo para disciplinar el ejercicio del poder que ha ganado.

PRM: nuevos retos y propósitos
Roberto Ángel Salcedo

El segundo reto es de naturaleza distinta, aunque igual de decisivo, es el de sostener la unidad interna justo cuando el colectivo crece, se diversifica y necesariamente empieza a albergar corrientes, liderazgos regionales y legítimas aspiraciones que antes convivían con mayor sencillez bajo el paraguas de la oposición compartida. Gobernar es más difícil que competir; y gobernar un partido que gobierna un país es, todavía, más exigente. La cohesión que el PRM mostró para llegar al poder en 2020 y para revalidarlo en 2024 debe ahora, con sus nuevos vicepresidentes y secretarios —gente joven con la vitalidad y energía propia de una nueva generación vigorosa y comprometida— reinventarse en la cohesión de la gestión partidaria, capaz de procesar diferencias legítimas sin que éstas se conviertan en fracturas.

El tercer reto, quizás el más trascendental en toda esta etapa, es generacional. Un partido que aspira a gobernar más allá del liderazgo que le dio origen necesita demostrar que puede formar, promover y proyectar nuevos cuadros políticos con vocación servicio en el Estado.

La disposición transitoria que reduce a dos años el período de las autoridades provinciales debe leerse como un ciclo corto e intenso para preparar, con método y disciplina, la siguiente generación de dirigentes que deberá sostener este instrumento democrático cuando la conducción original haya cumplido su ciclo natural.

También propósitos
Junto a los retos están los propósitos, que no son menos importantes. El primero es devolverle centralidad a la idea original que fundamentó la creación del PRM; la convicción de que la democracia dominicana necesitaba una alternativa moderna, institucional y alejada de los personalismos que marcaron buena parte de nuestra historia política y partidaria en el siglo XX. Ese propósito que argumentó y sustentó su nacimiento no se agota con la victoria electoral; se renueva, se actualiza y, sobre todo, se demuestra en la manera en que el partido ejerce el poder que se le ha confiado.

El segundo propósito es de carácter programático. El PRM y su gobierno abren un nuevo ciclo político con logros que merecen reconocerse, por ejemplo, la declaratoria del país con “Hambre Cero” por la FAO; la ampliación de la cobertura educativa y sanitaria; el desarrollo de obras públicas trascendentales para la vida de la gente con sentido de mayor proposición en las distintas regiones del país; el fortalecimiento institucional en materia de transparencia y contrataciones públicas; pero también con tareas pendientes que exigen continuidad en la visión desarrollista: la reforma eléctrica, el plan del presidente Abinader que profundiza la Policía y la seguridad ciudadana y la consolidación de un modelo de desarrollo territorial que no deje regiones rezagadas, como lo que se motoriza, por vez primera en mucho tiempo, a través de las inversiones en el llamado y olvidado sur profundo. Ningún partido se sostiene únicamente en la memoria de lo logrado; de igual modo se revalida en la credibilidad de lo que todavía promete cumplir.

Otro de los propósitos es cultural, en el sentido más amplio del término. Un partido que gobierna tiene la responsabilidad de cuidar el tejido simbólico de la nación que representa: su historia, su identidad, la relación con la diáspora, su lugar en el concierto americano y caribeño. La política dominicana, y el PRM como su principal fuerza, está llamada a proyectarse más allá del ciclo electoral inmediato y de asumir, como parte de su agenda prioritaria, la defensa y proyección de lo que somos como pueblo. En esa tarea, la cultura es, como bien señaló Hannah Arendt, el espacio donde una comunidad política construye su sentido compartido de pertenencia.

Como propósito final está el de la preservación democrática. La disposición de que, superadas las elecciones de 2028, el partido regrese al voto universal, directo y secreto de su militancia es una declaración de principios que la organización deberá honrar con hechos. La convención de delegados de este 9 de agosto ha sido, por diseño, una fórmula elocuente y practica de transición democrática.

El reto más hondo y el propósito más elevado que enfrenta hoy el Partido Revolucionario Moderno es, sin dudas, demostrar que puede ser, a la vez, el partido que gobierna y el que se transforma para conservar aptas sus condiciones para continuar dirigiendo y transformando la sociedad dominicana.