Presidente, usted decide
¡Se acabó la farsa!
Quedó comprobado la pasada semana que durante años alguien se encargó de engañar con anécdotas de bonanza y superávit.
Los números son como los corchos, al final salen a flote y han revelado lo que tanto se advirtió, mírelo ahí el lengua larga.
Ahora escuchamos los quejidos, y como si fuera poco, en vista de lo planteado por el gobierno parece que apenas se escuchan.
Tan solo recordar la foto de Yuleidy con la botella de champán en una caravana, hace entender cómo llegamos a endeudarnos hasta este punto.
Peor aún, quien se encarga de presentarnos esta estocada mortal es el mismo ministro de Planificación, Economía y Desarrollo, bajo cuyas narices todo fue ejecutado.
¿Hay algún límite para el absurdo en esta tierra de eunucos y serviles?
Hace ya varios años que a raíz del fraude PRIVADO en Baninter y otras instituciones financieras nos enfrentamos a un boquete como este, algunas diferencias son más que obvias, comenzando con el monto del desastre que en esta ocasión es el triple de lo que fue en aquel momento.
Pero sobre todo la gran diferencia es que en esa oportunidad se persiguieron y encarcelaron los culpables, esos que últimamente reciben sentencias a su favor.
Recientemente, el corrupto por excelencia, el principal señalado por el rumor público como ladrón, declaró que dormía tranquilo, y ahora veremos si la nación debe permanecer tranquila mientras sus ronquidos perturban nuestros sueños labrados mediante esfuerzo y trabajo de generaciones.
Nos abocamos a un trago amargo ha dicho el presidente de la República, sin embargo, olvida que él vio, ayudó y se benefició, mientras el bartender preparaba el mismo.
¡Estamos frente a un momento histórico! Danilo Medina tiene dos opciones: pasa al zafacón de la historia, haciendo que un pueblo pague por los desmanes de un grupo, o por el contrario actúa como lo hubiera hecho Juan Bosch.
Presidente, usted decide.