Preocupante fascinación
El popular bachatero Anthony Santos puso una nota discordante cuando al recibir uno de los premios Soberano que concede la Asociación de Cronistas de Arte (Acroarte) externó una frase laudatoria al tirano Rafael Leonidas Trujillo.
El artista explicó ayer mismo que cuando dice estas expresiones en sus presentaciones lo hace seguido de unas afirmaciones de desaprobación y condena a Trujillo, pero que en esta ocasión suprimió esa expresión porque se trata de palabras obscenas.
Hasta ahí las explicaciones de Antony Santos y cada quien decide cómo las tomará.
Pero el incidente, desagradable, puso de manifiesto una preocupante realidad: la figura de Rafael Leonidas Trujillo seduce a muchos dominicanos, pese a la estela de sangre que dejó su mandato, caracterizado por una rampante corrupción y poco desarrollo real del país.
Hay que terminar con los mitos de la Era de Trujillo. Durante su gobierno los niveles de pobreza, analfabetismo, mortalidad materno-infantil y desnutrición eran escandalosos, pero esos asuntos se mantenían en bajo perfil por temor a que quien lo denunciara fuera asesinado.
Las famosas empresas e industrias que florecieron durante su régimen eran mecanismos del dictador para apoderarse de los bienes públicos y hasta de los privados.
Trujillo era asesino, el más corrupto que haya tenido la historia dominicana, y los indicadores de desarrollo del país durante su gestión mantuvieron a la República Dominicana como una nación profundamente pobre.
