Por un mínimo de decencia y dignidad 

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Las expectativas políticas del pueblo dominicano en relación a la administración pública se pueden resumir en la palabra decencia. Este pueblo aspira a un gobierno cuyos funcionarios entiendan que la administración del Estado debe estar basada en la vocación de servicio. Distraer recursos líquidos del Estado para enriquecimiento personal es lo más inmoral que puede realizar un funcionario.

Con esta acción se obstaculiza que se construya una escuela, que se compren camas y material gastable para un hospital, que se aumenten los salarios de miseria que devengan los empleados públicos y privados, que se rehabiliten los drogadictos y se combata el narcotráfico, que se construya un camino vecinal, etc. La corrupción administrativa es el peor enemigo de la República.

El pueblo aspira un gobierno que, entre otras cosas, invierta en los desposeídos del país; en la juventud atrapada en el vicio de las drogas; que elimine el analfabetismo. Que el Estado mejore las condiciones de vida del ciudadano dominicano. No un gobierno que solo se interese en mantener números que sostengan la llamada estabilidad macroeconómica o el crecimiento económico. ¿En que han beneficiado al pueblo dominicano la estabilidad de estas variables económicas? En nada. Han llevado el país a la bancarrota. Son variables que solo llenan las expectativas del Fondo Monetario Internacional. Solo satisfacen a los acreedores del Estado dominicano.

¿Hasta cuando el pueblo dominicano va a seguir soportando tantos maltratos y humillaciones de parte de sus gobernantes?

La educación, la salud, los servicios eléctricos y de agua potable van de mal en peor. A los gobiernos de turno no les importan estas variables que miden el bienestar humano. En su agenda no está el desarrollo humano. Solo complacer al FMI y construir pasos a desnivel, elevados, túneles, metro, etc., que solo sirven para maquillar la cara de la ciudad, descongestionar el transito vehicular y en poca cosa benefician al ciudadano de a pie, que es la mayoría de la población.

Es obvio que el orden de prioridades del gobierno de turno y de los que le han precedido en los últimos cincuenta años tiene un carácter antipopular y antinacional.

Han endeudado al país hasta el tuétano, para luego decirle a este pueblo, con todo el descaro imaginable, que nuestra soberanía económica está comprometida. Verdaderamente que estamos de frente a un gobierno apátrida, fiel continuador de los enemigos históricos de la dominicanidad, de los Pedro Santana, los Buenaventura Báez y los Rafael Trujillo.

El pueblo dominicano lo que desea es un mínimo de decencia y dignidad de parte de sus gobernantes.

*El autor es secretario general de la Asociación Americana de Juristas (AAJ) y miembro Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).

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