Por un choque de optimismo

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Federico Alberto Cuello

Con trabajadores sin cobrar, empresas sin vender y gobiernos sin recaudar, todos se preguntan en el mundo cuánto es que va a durar el impacto del coronavirus.

Pobres o ricos, los gobiernos desempolvan las políticas keynesianas que relegaron al olvido facultades de economía en universidades prestigiosas, convenciendo a los políticos de las bondades de la austeridad.

Ese credo, el de la austeridad, queda ahora desechado ante las bazucas alemanas, la resiliencia francesa y el estímulo estadounidense, con países pequeños y abiertos como nosotros siguiéndoles paso, correctamente, dentro de nuestras estrecheces.

El aislamiento social, inevitable remedio para contener el contagio, permitió a China hacer manejable la crisis, evitando la saturación de sus hospitales. Casi tres meses duró paralizada la segunda economía del mundo. Ahora sale, vigorizada, a promover sus protocolos de atención y a donar sus materiales médicos, de los cuales se destacan las pruebas de laboratorio, generosamente recibidas esta semana del gobierno y de Jack Ma, CEO de Ali Babá, según informara por las redes nuestro embajador desde Beijing.

Aún y si todos actuáramos con el rigor de los chinos, es difícil reproducir su modelo completamente. ¿Qué cosas se están haciendo en otros países para salir de la crisis sanitaria más rápidamente?

Chile e Israel están claros en que tratamientos y vacunas estarán pronto disponibles, y que serán patentados en otros países. Para ello se preparan a otorgar a sus industrias las licencias obligatorias que sus leyes les permiten, como acordáramos todos en los acuerdos que la OMC supervisa para asegurar el acceso a medicamentos y que localmente administra Sandy Lockward en ONAPI.

Otra medida importante que ha resultado crucial es la estimación rigurosa de las tasas de contagio. Como ha dicho Foreign Policy, un fuego de tamaño desconocido es difícil de apagar con una manguera pequeña.

Así, reducir las tasas de infección requiere saber cuántos son los que están contagiados. Y esto requiere masificar los análisis, así como penalizar el ocultamiento de información. Alemania, Corea y Francia, por ejemplo, evalúan diariamente entre 15 y 19 mil ciudadanos, gratuitamente, mientras que en Qatar al enfermo que no informe su condición le echan tres años de cárcel y más de 50 mil dólares de multa.

Por pequeños que todavía sean los niveles de contagio, vale la pena prever que necesitaremos de más camas y muchos más materiales. Y para ello tenemos más de 100 mil en hoteles, así como productos médicos, desde hace ya 30 años, con 7 de las más grandes empresas que en zonas francas fabrican, exportando US$1,800 millones en el 2019. Generosos sus donativos han sido para esta emergencia, según confirmara la Directora del Consejo de Zonas Francas, doña Luisa Fernández.

Optimistas hay que ser para enfrentar el día a día, con la disciplina debida y e inagotable esperanza, sabiendo cada vez más qué es lo que de verdad importa: la salud y felicidad de familiares y amigos. Optimistas para entender que sobrevivir es posible y que a crecer volveremos, más temprano que tarde, igual que lo hicimos después de las quiebras, terremotos y huracanes.

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