Lula da Silva es un político de muchas garras, pero enfrenta el riesgo de ser derrotado en la segunda vuelta de las elecciones de Brasil. Flavio Bolsonaro lo aventajó en la primera vuelta y los llamados partidos del centro ya se inclinan a sumarle sus votos.
Lula tiene en su contra la tradición según la cual, en Brasil ningún candidato presidencial perdedor en la primera vuelta, alcanza el triunfo en la segunda. El desgaste político del ejercicio del poder; el peso social y la influencia ideológica y cultural de la vieja oligarquía y las diversas religiones que han estado jugando un papel político ultra reaccionario; la situación internacional y el entorno adverso que ha ido creando la embestida del gobierno norteamericano y sus aliados, que va imponiendo gobiernos de típico corte neofascista y sumiso al mandato yanqui.
La injerencia cada vez más audaz y franca de los agentes norteamericanos y los de la inteligencia israelí, expertos en manipular las intenciones de voto de la gente y los resultados electorales. Todas las encuestas daban a Lula por encima de Bolsonaro y, como sucedía aquí con los “apagones electorales” de Balaguer, al contar los votos el que quedó arriba fue Bolsonaro.
Ojalá Lula logre sobreponerse a todo esto, pero si no lo logra, conviene prepararse ideológica y moralmente. Hay que reconocer la dimensión del retroceso que para las fuerzas avanzadas de Brasil y el Continente representaría esa derrota. Después de los antecedentes negativos de Venezuela, Colombia, el Ecuador, Perú, Argentina, entre otros. Salvo los puntos de resistencia de Cuba, México y Nicaragua, el cielo político del Continente quedaría mucho más ennegrecido.
Pero, firmes. Son golpes severos, pero no el fin de una lucha que no ha terminado y deberá seguir, contra el avance del fascismo de nuevo cuño y sus venenosas expresiones, alentado por Washington; en defensa de las libertades y derechos, de la soberanía nacional cada vez más en peligro en estos países, de las conquistas sociales de los trabajadores y los pueblos. En defensa de la paz, cada vez más perturbada y amenazada.
Los pueblos del cono sur son veteranos, ya en una época combatieron bajo el cerco de cinco dictaduras militares, la de Brasil incluida, que bañaron en sangre e impusieron el terror mediante los crímenes de la fúnebre Operación Cóndor. Y esas dictaduras fueron barridas, sobre sus ruinas volvió la luz y, como en política todos los vendavales pasan, así ha de ocurrir por nueva vez.