Por quién votar
No hay dudas que la gran traba del desarrollo de este país ha sido la minusvalía de los gobiernos para hacer que el crecimiento económico se derrame con la puesta en marcha de tácticas distributivas de la riqueza que eleven el bienestar social.
Lógicamente, también ha faltado una fuerza social cohesionada capaz de presionar por el cambio y una oposición inteligente que dé un paso más allá de las simples denuncias, o de los discursos adjetivados y clientelares.
Los políticos están obsesionados con la idea de que sólo pueden hacer algo por el país desde la poltrona. Por eso la ruta crítica que prefieren si no están sentados en la silla de alfileres bajo la altivez del techo palaciego- es la satanización, no el aporte.
Las notas de política del Banco Mundial que deberían ser un texto de cabecera de quienes gobiernan o aspiran a hacerlo- nos ofrecen un dato para mantener encendida la capacidad de asombro: De 1961 a 2007 el PIB creció a una tasa promedio anual de 5.3%, mientras la región de América Latina y el Caribe lo hizo a un ritmo de 3.8%.
Aunque parezca contradictorio, este nivel de crecimiento de la economía que si continúa a ese ritmo convertiría a RD en un país de alto ingreso con un per cápita de US$11,500- no ha logrado que los dominicanos dejen de sufrir los indicadores de bienestar más bajos de la región.
¿Cuál ha sido la falla? Los autores de las notas de políticas la sintetizan de esta manera: La expansión del producto de las últimas décadas no fue acompañada por una reducción sustancial de la pobreza y la desigualdad, ni ha producido mejoras equiparables en salud y educación.
La sociedad que está inaugurando métodos creativos de presión – debe exigir debates públicos a los aspirantes presidenciales para que expliquen con argumentos convincentes cómo realizarán el anhelo esperado por décadas: el derramamiento del crecimiento económico. El voto debería estar condicionado a eso.