La inflación no tiene que ser cero para que una economía disfrute de estabilidad de precios. De hecho, los bancos centrales modernos prefieren una inflación baja, positiva y predecible. Lo interesante es que esa cifra no tiene que ser idéntica para todos los países.
La Reserva Federal de Estados Unidos considera que una inflación del 2 % a largo plazo, medida por el índice de precios del gasto de consumo personal (PCE), es compatible con sus objetivos de estabilidad de precios y máximo empleo. Ese objetivo fue adoptado explícitamente en 2012, después de décadas de evolución de la política monetaria americana.
En cambio, el Banco Central de la República Dominicana opera con una meta del 4 % ± 1 punto porcentual; es decir, un rango de 3 % a 5 %. Desde 2012 aplica formalmente un esquema de metas de inflación orientado a minimizar las desviaciones futuras respecto del objetivo anunciado.
¿Por qué el doble? No porque República Dominicana tolere irresponsablemente el doble de inflación, sino porque las economías tienen características distintas.
Además, hay que considerar los mercados de trabajo. Ellos son especialmente relevantes, porque allí se forman salarios e ingresos laborales y, por esa vía, una parte importante de los costes de producción, la demanda agregada y las expectativas de precios.
Estados Unidos posee una economía altamente desarrollada, mercados financieros profundos y una moneda que desempeña un papel central en el sistema financiero internacional. República Dominicana, como economía pequeña y abierta, está comparativamente más expuesta a perturbaciones externas y a variaciones de precios internacionales, del tipo de cambio, combustibles y alimentos.
Una meta algo mayor puede interpretarse, por tanto, como un margen compatible con las características estructurales de una economía emergente.
Lo importante no es comparar mecánicamente 2 % con 4 %, sino evaluar si cada banco central mantiene la inflación baja, predecible, alrededor de su objetivo y que sistemáticamente se cumpla.
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