Por qué muchos dejan el sacerdocio

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Es difícil decir, pensar, describir, cómo será el sacerdote de los tiempos modernos: ¿Cómo podrá ser en la sociedad futura, el hombre que viviendo entre los hombres y siendo en todo como los demás está llamado a una misión espiritual?

El hombre que valore cada acción humana con los ojos de Dios.

– El hombre que descubra a Dios oculto debajo de todas las cosas.

– El hombre que dirija a Dios toda nuestra vida.

– El hombre que enfoque con ojos divinos toda la actividad humana para darle su verdadero valor.

– El hombre que estudie el plan de Dios sobre nuestra existencia.

Si es difícil saber por qué muchos jóvenes no entran al seminario, igual de difícil es saber por qué tantos abandonan el camino del sacerdocio o el ministerio sacerdotal cuando ya han sido ordenados.

Muchos han comenzado con una pobre motivación inicial y cuando llegan a una mayoría de edad racional y emotiva, ya están ordenados de sacerdotes y ahí viene la crisis.

Muchos entraron incorrectamente al seminario, con buena voluntad, pero sin saber a lo que iban y por qué iban a ese lugar; y cuando llegan a la mayoría de edad descubren que en lo que ya están no es para ellos.

Muchos otros mejor motivados, mejor preparados que la mayoría han descubierto que su personal contacto con Cristo, y su amor a la Iglesia, los impulsa a tipos nuevos de apostolado, que muchas veces choca con el parecer de los que mandan. Pero sienten claramente que ese es el tipo de apostolado, de acción sacerdotal que los hombres les piden hoy.

Y han luchado se han afanado por ser sacerdotes de su tiempo, pero se han encontrado con una gruesa pared de concreto; se han encontrado con una rutina parroquial que los aprisiona, con un párroco, unos superiores bien conservadores, o con un obispo para quien la prudencia es más grande que las virtudes.

Y después de mucho forcejear e insistir descubren que todavía no hay ambiente para ellos ni para sus métodos y se van defraudados, y quiera Dios que no amargados para toda la vida.

Añadir a todo esto:

– El enfoque equivocado de la vida espiritual que se da en los seminarios.

– Una impreparación psíquica para enfrentarse a la vida actual que tiene un patrón de conducta tan diferente.

Entiéndase bien que no es renunciar a la fe, no es rebelión contra la autoridad, no es pérdida del amor a cristo ni a la Iglesia, no es una irresponsabilidad ni un incumplimiento de contrato.

La problemática es que muchos sacerdotes duermen, no han caído en la cuenta de lo profundísimos cambios sociales que desde hace años están ocurriendo en el mundo. Cambios no solo en las estructuras externas de la sociedad, sino dentro de las conciencias de los hombres y mujeres.

Frente a todo esto, ¿podría la Iglesia mantener su estructura? ¿Podrá darle el sabor que necesita el mundo de hoy? ¿Podrán los sacerdotes dar una respuesta adecuada a tan compleja situación? No olvidemos que el sacerdocio es un ministerio y Dios enviara los sacerdotes que necesita su pueblo. La vocación es un ministerio.

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El Día

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