¿Por qué el dólar está estable?
En un contexto internacional marcado por combustibles caros, tensiones geopolíticas y recortes en las tasas de interés, el tipo de cambio dominicano parece desafiar la lógica. Mientras muchos países ven depreciarse sus monedas, el peso se mantiene alrededor de 59.69 pesos por dólar su venta. ¿Qué explica esta estabilidad inesperada?
La primera respuesta está en la estructura misma de la economía dominicana. El país recibe un flujo constante de divisas que actúa como un amortiguador natural: turismo en máximos históricos, remesas que no ceden y exportaciones de zonas francas que siguen creciendo. Esa combinación crea un colchón que reduce la presión sobre el mercado cambiario, incluso cuando los combustibles encarecen la factura petrolera.
La segunda razón es institucional: el Banco Central interviene ese mercado. Su intervención se acentúa cuando sube el precio internacional del petróleo, junto con una política de acumulación de reservas, envía una señal clara: el tipo de cambio no está a la deriva.
Aunque la tasa de política monetaria ha bajado, el sistema financiero mantiene rendimientos reales positivos, lo que evita una fuga hacia el dólar.
Pero hay un elemento menos visible y más profundo: la confianza. En un país donde el dólar es un termómetro emocional, la estabilidad cambiaria refleja expectativas ancladas. Los agentes económicos no anticipan una crisis, no esperan un salto abrupto y, por tanto, no corren a dolarizarse. La estabilidad, paradójicamente, se alimenta de sí misma.
Esto no significa que el peso sea invulnerable. Los precios del petróleo siguen siendo un riesgo latente y la política monetaria más laxa podría, eventualmente, presionar la demanda interna. Sin embargo, por ahora, la ecuación es clara: más dólares entrando que saliendo, un Banco Central vigilante y un sector privado que no siente urgencia de cubrirse.
En tiempos de incertidumbre global y altos precios del petróleo, la estabilidad del tipo de cambio dominicano no es un accidente. Es el resultado de flujos reales, intervención estratégica de ese mercado y expectativas bien gestionadas.
