Por las mujeres

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Nassef Perdomo Cordero

EL domingo recién pasado fue un día agridulce. Alrededor de las diez de la mañana, miles de personas congregadas en la avenida Jiménez Moya esquina Mirador Sur empezaron a marchar hacia el Centro de los Héroes, impulsadas todas por el mismo ánimo: defender la dignidad de la mujer y su derecho a vivir libre de violencia.

Confieso que me emocionó el mar de gente que decidió hacer acto de presencia, caminando pacientemente bajo el azote del sol.

Mi alegría se multiplicó cuando me percaté, desde la altura relativa del Parque Mirador, que la cabeza de la marcha cruzaba la avenida Independencia y muchos aun no salíamos de nuestro punto de partida.

Lo triste de ese día es que haya necesidad de marchar, que en nuestro país todavía tengamos que salir a defender ese derecho, el más básico que puede exigirse en una sociedad.

Lo triste es que sesenta y cuatro pares de zapatos vacíos fueran suficientes para espeluznar a quien los viera, porque todos supimos lo que significan. Y ver en camisetas y pancartas las fotos de las que ya no están.

Con todo, fue un día de esperanzas. De esperanza, porque dejó en evidencia que esta sociedad finalmente despertó, que ya no se conformará con pensar que es normal que las mujeres mueran a manos de quienes creen poseerlas.

Esperanza, porque ese día miles de dominicanos demostramos que nuestro país puede poner de lado las diferencias y unirse en defensa de esa causa justa, y empieza a hacerlo.

Hubo allí liberales, conservadores centristas, gente de todos los partidos, creyentes, agnósticos, ateos, ricos, clase media, pobres, empresarios, sindicalistas, rubios, mulatos y negros.

Y, con todo, las protagonistas fueron ellas, para las cuales vivir tranquilas es un acto de coraje, un derecho por el que tienen que luchar cada día.

Con persistencia han hecho entender que lo que debemos matar es la indiferencia, que es un problema de todos cuya solución requiere de la participación de todos, y que esa participación es bienvenida.

Como en todos los grandes logros, el camino es largo y tortuoso y los éxitos hay que defenderlos cada día.

Pero pienso que, el domingo, las mujeres demostraron que han vencido nuestra inercia social, los prejuicios de nuestra sociedad, y han puesto en movimiento la rueda de la historia. Puede que la victoria aun cueste sangre, sudor y lágrimas, pero pueden estar seguras de que les pertenece.

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