Por la democracia
Aunque hasta los más optimistas lo veían como la crónica de una muerte anunciada, el desenlace de las dos reuniones simultáneas celebradas el jueves pasado por sendas facciones del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) resultó ser un duro golpe para la democracia dominicana.
Independientemente de las simpatías políticas de cada uno, hay que convenir que el equilibrio de fuerzas sociales, expresado a través del accionar de los partidos, es la mejor garantía para la supervivencia de la democracia.
El debilitamiento de una o varias organizaciones políticas, sobre todo si forman parte de la oposición, priva a la nación de un importante medio de control para evitar eventuales o reales excesos gubernamentales, con la posibilidad, incluso, de que el país caiga en el abismo de una dictadura de partido.
De ahí que sean vistos con buenos ojos los esfuerzos que todavía hoy realizan connotados dirigentes perredeístas por salvar a su organización de un descalabro definitivo, mediante un acercamiento basado en concesiones recíprocas aprobadas por los líderes en conflicto.
Por el bien de la democracia dominicana, les deseamos éxito a los directivos en cuestión, y elástica capacidad de negociación a los responsables de tomar las últimas decisiones.
