El régimen que gobierna Cuba ha violentado históricamente las reglas de la democracia y reprime con brutalidad la disidencia. El castrismo, ahora representado por un presidente que no se apellida Castro, se ganó la admiración de quienes preferían el lado oriental de la cortina de hierro que dividió al mundo entre el imperialismo de izquierda y el imperialismo de la derecha.
Reclamamos que en Cuba se respeten los derechos políticos de los cubanos, incluyendo el poder a disentir y hasta de agruparse en organizaciones distintas al partido único que impera en la mayor de las Antillas.
Podemos llenar páginas con argumentos para criticar la dictadura castrista en Cuba.
Sin embargo, preferimos usar estas líneas para pedir clemencia por el pueblo cubano, que ahora pasa una situación calamitosa como consecuencia fundamentalmente de los desaciertos de ese régimen.
Pero tampoco queremos discutir sobre responsabilidades, sino sobre necesidades.
El pueblo cubano ha quedado secuestrado en una lucha ideológica anacrónica y en la actualidad está pasando hambre. Su calidad de vida se ha deteriorado el máximo.
Sería una negación del espíritu solidario de los latinoamericanos permanecer indiferentes ante unos hermanos que padecen una profunda crisis humanitaria, aunque eso no implique respaldo al régimen dictatorial imperante.