Poner fin 

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Desde Francisco Moscoso Puello, en “Cartas a Evelina”, y José Ramón López, en “La alimentación y las razas”, conocemos el alcance, origen y naturaleza del pesimismo dominicano.

Balaguer, quien prologó una de las ediciones del texto del insigne periodista y filósofo puertoplateño, abrevó en esa fuente, sacó grandes ventajas políticas del ser dominicano y se construyó su propio Leviatán para dirigirnos a su antojo.

Esto tuvo una secuela terrible: la siembra de desconfianza en las instituciones que hoy en día Jacques Atalli ubica como el problema fundamental de los dominicanos. “Esto se jodió”, es la expresión más acabada de una sociedad descreída y sin norte claro.

El mayor fracaso de las generaciones de políticos que siguió a los caudillos del siglo veinte –todos desaparecidos- es no haber producido una ruptura que destruyera la percepción de que el país carece de salidas para resolver sus grandes problemas y falencias.

Prefirieron posicionar a los partidos como grandes redes de clientelas en lugar de convertirlos en instrumentos para la reorganización del Estado y el renacer de la República.

Ahí tiene su fundamento el cortoplacismo y la visión tubular del país. Como “esto se jodió” – y perfila una carrera de soluciones individuales contra el tiempo- los políticos son caníbales. Algunos ni siquiera se molestan en competir con propuestas y debates, sino que se afincan en “el merenguismo de calle”, en el slogan hueco, la mentira y la fábula.

Lo que importa es llegar para romper la piñata.

Como “esto se jodió”, la patria está en los bienes que puedas atesorar. No hay un plan de retiro que garantice la vida decente, la continuidad del Estado es infuncional, la carrera administrativa es utopía, la Estrategia Nacional de Desarrollo, unas hojas de intención.

Cada gobierno tiene su librito, lo cual significa reiventar el Estado cada cuatro años.

Y esa acción desmonta sin miramientos el capital humano, la inversión, la obra social, la infraestructura. Recomenzar es siempre un negocio redondo, muy rentable. Hay que poner fin a esta maldición.

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El Día

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