Poner el gato a cuidar la carne

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Rafael Chaljub Mejìa

Uno mi voz a las de los que, como el doctor Juan Dionicio Rodríguez Restituyo, a nombre del Partido Frente Amplio; el doctor Ramón Antonio Veras y don Álvaro Arvelo, hasta donde conozco, han condenado la firma de un acuerdo por parte de la Junta Central Electoral que da a la Organización de Estados Americanos la facultad de supervisar las elecciones del año entrante. Peligrosa decisión.

La OEA, engendro imperialista creado en los mismos tiempos en que los norteamericanos crearon la CIA para la conspiración y el espionaje; al FMI, para el dominio económico, y numerosos tratados militares en Asia y en Europa.

Y para América Latina, impusieron el denominado Tratado Internacional de Asistencia Recíproca, brazo militar de la OEA, que cumple desde entonces, en el campo diplomático el instrumento de esa estrategia intervencionista.

Madrina de todas las tiranías militares y gobiernos represivos del continente, cómplice de todas las agresiones, la balanza de sus decisiones siempre se inclinó hacia donde marcaran los intereses de gran potencia de los Estados Unidos.

Cuando Cuba fue agredida militarmente por los norteamericanos y sus socios del exilio cubano en Playa Girón, a quien la OEA castigó y le hizo el bien de expulsarla de su seno fue a la víctima, a Cuba.

Cuando el gobierno norteamericano desembarcó sus tropas contra nuestro pueblo el 28 de abril de 1965, la OEA apadrinó la ocupación, convocó su reunión de cancilleres, como faltaba un voto para aprobar la intervención armada, habilitó mañosamente al doctor José Antonio Bonilla Atiles, canciller que había sido del Triunvirato, aunque este gobierno hacía días que había dejado de existir. Entonces la OEA cometió uno de los peores fraudes y puso a votar un muerto.

Esa misma que calla ante el baño de sangre del régimen de Sebastián Piñera contra Chile, pero conspira abiertamente contra Venezuela, ahora mandó a Almagro a Bolivia a engañar al indígena Evo Morales y hacer el mismo papel del español Ojeda con nuestro ingenuo cacique Caonabo, que terminó con los grillos puestos y liquidado a traición.

Casi todos los partidos han callado indignamente ante la riesgosa decisión que la Junta de poner la iglesia en manos de Martín Lutero. La misma OEA que legitimó las elecciones coloniales del 1966, viene ahora a darnos clase de imparcialidad, elecciones limpias y democracia. Que Dios nos coja confesados.

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