Políticos y políticas de empleo

El país dispone de muchas herramientas de medición y encuestas para tomarle el pulso al sector laboral. Hay estudios que establecen cuántos dominicanos son graduados profesionales, a qué edad finalizaron sus estudios y cuántos años después de terminar sus estudios consiguieron su primer empleo.

Hace poco se dio a conocer una encuesta laboral hecha por el Banco Central para el periodo 2000-2009, durante el cual 625 mil personas llegaron a la edad económicamente activa. O sea, a la edad de su primer empleo. De esa población solo 121 mil fueron asumidos por el mercado formal del trabajo y 386 mil fueron a plazas de trabajos informales. Eso quiere decir que permanecen desempleadas 138 mil personas, que constituyen un 22 por ciento.

Llama la atención dos cifras, la que corresponde a los desempleados y los llamados trabajadores informales, que dicho con otras palabras son trabajadores callejeros, con trabajos de ventas al pregón, que a veces pueden pasar por micro empresarios o chiriperos.

Los trabajadores informales mueven una economía informal, a falta de otra denominación. El volumen de dinero que pone a circular esta masa de trabajadores es fluctuante, pero de mucha sensibilidad y empuje en los sectores populares de la vida nacional. Entre las remesas y la economía informal se equilibra la vida doméstica de una inmensa mayoría de hogares dominicanos.

El desafío del Gobierno hoy y mañana será poner atención a la creación masiva de empleos, al fomento de leyes más atractivas para la inversión; pero sobre todo, que los políticos –a propósito del proceso electoral que iniciamos- hagan ofertas creíbles y concretas que apunten al sector laboral productivo, no con empleos improductivos que sólo logran agigantar y hacer más ineficiente la administración pública.