Jueves, 19 de septiembre, 2019 | 10:34 am

Políticos deben cambiar “chip” frente a la antipolítica



En la República Dominicana son frecuentes las estupideces entre políticos, sin darse cuenta que con ello están alimentando el germen de un fenómeno promovido por indignados que cada vez cobra más fuerza, y se trata de la antipolítica.

La antipolítica se verifica en momentos en que el mundo transita un nuevo paradigma de la política que empuja hacia mayores controles de transparencia y el compromiso con la gente.

Dirigentes, partidos, agrupaciones y movimientos políticos dominicanos suelen observar comportamientos que desdicen mucho del Estado social y democrático de derecho que proclama nuestra Constitución; contrariando su responsabilidad de convertirse en instrumentos capaces de escuchar y modificar el rumbo, cuando así lo requiera la voluntad ciudadana.

Su tarea consiste en contribuir a consolidar y ampliar los avances sociales, hacer frente a la eliminación de la violencia contra la mujer, superar la guerra contra las drogas y dar respuestas adecuadas al cambio climático, entre otras cuestiones.

Desafortunadamente, la mayoría de políticos y partidos está en el aire, alejada de los cambios vertiginosos que transforman el mundo. Internet y las redes sociales han cambiado el escenario comunicacional imperante, prácticamente desde la invención de la imprenta.

Los ciudadanos, quienes eran ostentadores de un papel pasivo de simples receptores, han visto con esas plataformas una oportunidad de convertirse en emisores de mensajes, en creadores de matices de opinión, en “jueces” de todo y en “expertos” de cualquier tema.

Ante la desconfianza existente, tienenque demostrar el valor de la política y garantizar que son capaces de llevar bienestar de los pueblos, poniendo énfasis en el bien colectivo y el progreso social.

Los ciudadanos y ciudadanas de las últimas décadas han venido demostrando que el mundo ha cambiado mucho, poniendo de manifiesto el “nuevo poder” que plantea el politólogo y economista venezolano Moisés Naím.

Indiscutiblemente que se trata del advenimiento de sociedades con más carencias ideológicas, en las que el placer inmediato y la satisfacción personal han sustituido a los valores del bien común o el bienestar social.

La conciencia colectiva, los valores éticos universales y las luchas internacionales que se protagonizaron el siglo pasado, se diluyen cada vez másen un mundo frenético y consumista que desconfía de las instituciones políticas y habita en el cortoplacismo.

La situación obliga a que la política y los políticos tengan la necesidad de transformarse y adaptarse a las nuevas realidades respecto al cambio de paradigma.

Los tiempos en que ganar una elección podía ser considerado como un pasaporte para hacer y deshacer las cosas de manera antojadiza hasta la siguiente votación, ya pasaron a la historia. Cada decisión y declaración de los gobernantes son inmediatamente evaluadas y respondidas a través de múltiples canales y directamente por la gente, sin intermediarios.

Indudablemente que ha concluido la época en que lo importante en la contienda política era vencer; ahora hay que recurrir al convencimiento y a la persuasión de los electores habilitados.

La antipolítica no solamente comporta determinadas actitudes frente a la política, sino que es también, y sobre todo, una forma de hacer política; más aún implica prácticas perversas que conducen indefectiblemente e inevitablemente a la degeneración de esa actividad transversal al ejercicio del poder.

Nuestros dirigentes políticos deben reflexionar para cambiar el “chip”, y abrir sus mentes a un mundo sensorial de comprensión de que la antipolítica, la Internet y las redes sociales, demandan con insistencia el establecimiento de una sociedad dominicana cada vez más democrática, diversa, transparente y segura.

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