Políticas Públicas para Agua Potable

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Durante las últimas décadas, el acelerado crecimiento urbano e industrial, a nivel mundial, ha provocado un incremento extraordinario de la demanda de agua potable para consumo humano y producción de alimentos, y un crecimiento desmedido de los desechos sólidos y líquidos, cuyos malos manejos, especialmente por la ausencia de adecuados sistemas de alcantarillados sanitarios, falta de plantas de tratamiento de líquidos contaminantes, y mala gestión de las basuras, han producido altos niveles de contaminación orgánica y química, degradando la calidad de las aguas superficiales y subterráneas, con lo cual se ha reducido la disponibilidad de agua potable, se ha incrementado el costo de tratamiento y distribución del agua y se han multiplicado las enfermedades hídricas y las muertes asociadas.

Al recordar los cristalinos y puros ríos en los que todos nos bañábamos durante los primeros años de nuestra niñez y juventud, y al rememorar la frescura del agua del río que tomábamos sin temor a enfermarnos, vemos como en apenas una sola generación humana, la nuestra, hemos degradado tan vergonzosamente la calidad de nuestras aguas, que no tendremos explicaciones creíbles para responder a las ácidas preguntas que en el futuro nos serán formuladas por nuestros nietos sobre nuestra irresponsabilidad social conductual frente al recurso natural más vital: el agua.

Los académicos y los tomadores de decisiones políticas y ambientales debemos insistir en la urgente necesidad de adoptar verdaderas y válidas políticas públicas en materia de agua potable y saneamiento básico, siendo impostergable que los gobernantes y gobernados comiencen a entender que:

1-El agua es un recurso natural que es valorado inversamente proporcional a su abundancia, porque quienes tienen mucha agua la valoran poco y la desperdician mucho, mientras quienes tienen poca agua la valoran mucho y la desperdician poco.

2-No debemos seguir contaminando las aguas superficiales y subterráneas con desechos sólidos y líquidos, orgánicos y químicos, procedentes de la expansión urbana descontrolada, de la ausencia de alcantarillados sanitarios y la ausencia o disfuncionalidad de plantas de tratamiento, de la industria urbana no supervisada, de la agropecuaria rural desorganizada, de la minería irresponsable y no controlada, de la hotelería irracional y desaprensiva que no entiende que al contaminar las aguas subterráneas con desechos orgánicos, contamina las playas vecinas y aleja a los turistas.

3-No debemos seguir desperdiciando las aguas que captamos y distribuimos para consumo humano y para riego, para lo cual es necesario asignar un racional y adecuado volumen diario de agua gratuita, pero los irracionales consumos excedentes deben tener muy alto costo. Sólo así frenaríamos el gran desperdicio.

4-Socialmente es más económico corregir las fugas y el desperdicio de agua, que adicionar nuevas fuentes de captación y distribución, porque las nuevas fuentes aumentan las fugas y el desperdicio.

5-Socialmente es menos costoso proveer a la gente agua potable y saneamiento básico, que tratar las múltiples enfermedades hídricas, porque en el futuro cercano una parte importante del presupuesto público de cada país en vías de desarrollo tendrá que ser invertido en el tratamiento y control de las enfermedades hídricas. La salud preventiva, vía el agua potable, es menos costosa que la medicina curativa para las enfermedades hídricas.

Visto el especial interés de la Red Interamericana de Academias de Ciencias (IANAS) y la Academia de Ciencias de la Rep. Dominicana, en la adopción de correctas políticas públicas en materia de agua potable y saneamiento básico, hacemos las siguientes recomendaciones.

1. Que “El Agua quede declarada como un Recurso Natural Vital, Indispensable, Accesible e Insustituible; de Libre Acceso para todo ciudadano.

2. Establecer que la prioridad del agua es el consumo humano y la segunda prioridad es la producción de alimentos con reducido consumo hídrico.

3. Declarar de alta prioridad nacional la protección, conservación, reforestación y correcto manejo de las cuencas hidrográficas de los ríos Ozama, Haina, Nizao, Yaque del Sur, Yuna, Yaque del Norte, Artibonito, Las Damas, Nizaíto, Chavón, Sanate, Duey, Boba Jamao y Nagua.

4.Declarar como áreas protegidas los principales embalses de la Rep. Dominicana que suplen agua para acueductos y para riego: Hatillo, Sabana Yegua, Tavera-Bao, Valdesia, Monción, Rincón, Sabaneta y Monte Grande (en fase de construcción), prohibiendo contaminar dichos embalses con cualquier tipo de contaminante procedente de cualquier fuente.

5. Declarar de alta prioridad nacional la protección de los 5 principales acuíferos de la Rep. Dominicana: 1-Planicie Costera Oriental, 2-Los Haitises, 3-Valle de Neiba, 4-Sierra de Bahoruco y 5-Sierra de Neiba.

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